retrato de Darwin

Reflexiones en torno a la importancia filosófica de Darwin como crítica a la teleología de Aristóteles

por Natalia Carolina Marcos Natalia Carolina Marcos

Resumen

La propuesta filosófica de Darwin se contrapone a la línea filosófica aristotélica ya que pone en cuestión la idea de que todo ser vivo y cada una de las características que lo componen en su forma tienen una finalidad, una razón por la cual es lo que es, y que dicha finalidad es innata. Darwin problematiza esta perspectiva al plantear que los seres vivos no son parte de un sistema mayor en el cual sirven a un fin y tienen un rol predefinido, sino que se van adaptando de acuerdo con lo que el entorno les demande para sobrevivir. Es decir, que las formas de adaptación en los seres no responden a un fin incorporado en su esencia, sino que son parte de una evolución hacia nuevas formas de supervivencia.

Palabras clave: finalidad, evolución, supervivencia, esencia, adaptación.

Si se analizan las posturas filosóficas de Aristóteles y Darwin en los trabajos Física (Libro II) y El origen de las Especies, respectivamente, se encontrará que ambos abordan la cuestión de los cambios naturales desde distintos enfoques. Por un lado, Aristóteles postula un cambio con un objetivo inherente a la constitución de los seres vivos. Por otro lado, Darwin establece que dicho objetivo no se corresponde con una finalidad preestablecida, sino con una necesidad de cambio en pos de una mejor adaptación al medio.

Las obras filosóficas de Aristóteles (1995) contienen la idea de que “la naturaleza es principio de movimiento (y de reposo)”. En este sentido, el autor Candel Sanmartín (1997) en Aristóteles y el sistema del saber sostiene que los postulados aristotélicos “versan de una manera u otra sobre los procesos de cambio” (p. 223). El citado trabajo retoma los postulados de Aristóteles sobre el fuego, el agua, el aire y la tierra como ejemplo de la búsqueda que, a través del movimiento, realizan estos elementos hacia un estado de reposo.

En el marco de la filosofía aristotélica, la naturaleza es aquello que opera dentro de los organismos y que los lleva a cambiar desde su interior, a modificarse o a permanecer tal cual son. Ese impulso no viene dado por circunstancias externas al ser viviente, sino que es parte de su camino de realización en la misma naturaleza de la que es parte. Esta esencia los lleva a que la sustancia que los contiene adquiera distintas formas hasta convertirse en aquello que están destinados a ser. Podemos decir que la materia realiza esfuerzos en busca de su autorrealización. Esta causalidad es la que está presente en la filosofía aristotélica y explica los cambios. Lo que también sustenta esta visión es que existen “formas comunes” que se develan una vez que la diversidad es alejada del centro de la escena y que este acercamiento a la esencia es el modo “correcto” de conocer. Detrás de esta postura subyace la concepción de una inteligencia superior que asigna roles y funciones a las materias/sustancias y que supone que estas se dirigen, inexorablemente, hacia un fin predefinido.

La importancia filosófica de Darwin como crítica a la teleología de Aristóteles nace del hecho de que pone en jaque el lugar seguro dentro de la historia natural en el que las “causas eficientes” se habían instalado. La finalidad innata a la naturaleza, determinada por un “diseñador inteligente” (Busdygan y Ginnobili, 2015, p. 119), es interpelada por la postura darwiniana al problematizar la cuestión de los cambios. Desde esta perspectiva, los cambios no se dirigen a un fin, sino que se vinculan con las adaptaciones que, necesariamente, tiene que afrontar un ser vivo para desarrollarse y sobrevivir. En oposición al mundo aristotélico, “los rasgos de los organismos no pueden ser comprendidos con base en su rol en el sistema general de la naturaleza. Sus funciones tienen que ver siempre con roles en la vida del organismo mismo” (Busdygan y Ginnobili, 2015, p. 119). La adaptación de los seres vivos se da, según Darwin, por la “teoría de la selección natural” que “no presupone en ningún sentido el instinto de un organismo de usar un órgano y, en consecuencia, su alcance no se encuentra limitado en este sentido” (Busdygan y Ginnobili, 2015, p. 118).

Las modificaciones que, con diferentes grados de espontaneidad, se dan en los seres vivos tienen un origen común. Las especies se desarrollan a partir de organismos originarios que van sufriendo variaciones, que, a su vez, dan lugar a nuevas especies. Estas, sin embargo, no constituyen los pasos para la evolución lineal de un organismo, de instancias progresivas de un estado hacia otro determinado con anterioridad. No hay progresividad en esta evolución, sino contingencia. Cada nuevo contexto generará las condiciones para nuevas variaciones y novedosas formas de adaptación. Las alteraciones que los organismos manifiestan funcionan con más o menos efectividad y los organismos que mejor y más efectivamente se adaptan al medioambiente son los que perdurarán, siendo aleatorio para cada generación de seres vivos. La síntesis alcanzada por esta teoría que explica, por un lado, cómo los seres se adecuan al medio en el que habitan; por otro lado, establece que todas las especies, incluida la humana, comparten ancestros y orígenes comunes y que los diferentes exponentes de ellas, como las etnias, son solo variaciones de un mismo ancestro.

A modo de conclusión

A partir de lo desarrollado, podríamos sostener que la importancia  filosófica de Darwin como crítica a la teleología de Aristóteles radica en que, a través de esta teoría, Darwin establece un marco teórico superador de aquel que postula a una entelequia que diseña y designa a los seres vivos y su finalidad en la naturaleza. Tal vez, más que un marco teórico superador, esta teoría representa el triunfo de las ideas que tuvieron su génesis en los trabajos de Galileo Galilei, Newton y Copérnico. A partir de las diversas revoluciones que las posturas de estos científicos fueron generando, se afianzó el camino en el que la filosofía, a través de Darwin, se afirma en posiciones cada vez menos teológicas y más vinculadas con el orden científico. Esto alteró no solo la teoría de los cambios en los seres vivos, sino también concepciones sobre el saber y la construcción del conocimiento científicopunto final_it8x12


bibliografia Referencias bibliográficas

Aristóteles. (1995). Física, Libro II. Madrid: Gredos.

Candel Sanmartin, M. (1997). Aristóteles y el sistema del saber. En Enciclopedia Iberoamericana de Filosofia. Historia de la filosofía antigua. Madrid: Trotta.

Busdygan, D., y Ginnobili, S. (2015). Filosofía. Bernal: Universidad Virtual de Quilmes.

Darwin, C. (1859). El origen de las especies. Londres: John Murray.

¿Cómo citar este artículo?

Marcos, N. C. (2016). Reflexiones en torno a la importancia filosófica de Darwin como crítica a la teleología de Aristóteles. Sociales y Virtuales, 3(3). Recuperado de  http://socialesyvirtuales.web.unq.edu.ar/dossier/dossier-filosofia/reflexiones-en-torno-a-la-importancia-filosofica-de-darwin-como-critica-a-la-teleologia-de-aristoteles/

 


Retrato de Charles Darwin

 Ilustración de esta página: Retrato de Charles Darwin, disponible en  en.wikipedia.org/

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