Los ombligos

por Yanina Giglio   

Son gente con estilo propio y carnavalesco. ¿Son gente? Parecen… Martillan las astucias, anunciando carnavales individuales con sonrisas suspicaces, los ojos apuntando siempre hacia abajo y sin párpados (al nacer es costumbre y deber borrarse los párpados y dibujar la sonrisa característica de su especie con un fibrón rojo carmín indeleble).

Un día normal en la “vida” del ombligo medio es muy sencillo de describir: salta del somier hacia la ducha para arrancarse las pelusas culpoides; desayuna alrededor de las 7.31 a. m. dos tostadas sin tostar untadas con espinaca y un café descafeinado con tres gotas de edulcorante y tres cucharaditas de sal fina; lee atentamente la sección económica del diario más envenenado… El resto de su día y gran parte de la noche transcurren con una sola meta: cómo sacarle a la ventaja dos o tres cabezas de victoria.

Al ombligo lo entristecen los balcones, sobre todo por las noches. Siente una profunda angustia al contemplar desde algún balcón la cantidad de casas y edificios y negocios y luces y peatones. Se siente mínimo pensando que si no existiera el horizonte vería más casas y edificios y negocios y luces y peatones.

También suele apenarse cuando ve el cielo partido por una estrella fugaz. En ese instante es consciente de que miles de personas estarán estampando un deseo en el firmamento. Por lo tanto, habrá menos posibilidades para el anhelo del ombligo. Entonces el ombligo transpira la gota gorda porque es el único llanto posiblepunto final_it8x12


¿Cómo citar este artículo?

Giglio, Y. (2020). Los ombligos. Sociales y Virtuales, 7(7). Recuperado de http://socialesyvirtuales.web.unq.edu.ar/los-ombligos


Ilustración de esta página: Gociol, R. (2020). Función privada. [Fotografía]. En Sociales y Virtuales y Programa de Cultura (Coords.), exposición artística #YoMeQuedoEnCasa. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes. 

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