Viaje a Rosario

Experiencia de viaje: del espacio virtual al espacio real

por Juliana Vázquez  Juliana Vázquez

“La experiencia, la posibilidad de que algo nos pase, o nos acontezca, o nos llegue, requiere un gesto de interrupción, un gesto que es casi imposible en los tiempos que corren:  Requiere pararse a pensar, pararse a mirar, pararse a escuchar, pensar más despacio, pararse a sentir, sentir más despacio, demorarse en los detalles, suspender la opinión, suspender el juicio, suspender la voluntad, el automatismo de la acción, cultivar la atención y la delicadeza, abrir los ojos y los oídos, charlar sobre lo que nos pasa, aprender la lentitud, escuchar a los demás, cultivar el arte del encuentro, callar mucho, tener paciencia, darse tiempo y espacio…”

Jorge Larrosa (2011)

EXPERIENCIA DE VIAJE

Al recibir la invitación sentí, inmediatamente, las ganas de participar. Como estudiante de la modalidad virtual, la propuesta por parte de la Universidad de vivir una experiencia concreta, real, en un momento y lugar determinado, me entusiasmó. Además, el interés y la curiosidad por conocer el Archivo Pedagógico Cossettini, el Tríptico de la Infancia como proyecto y la ciudad de Rosario hicieron que, finalmente, me decidiera a emprender el viaje.

De esta valiosa experiencia rescato, en primer lugar, el contacto con los profesores organizadores del viaje y los tutores, porque sin conocerlos previamente sentí una agradable cercanía en todo momento. Debo confesar que, al principio, tuve ciertos temores, porque todo era nuevo para mí: la gente, los lugares… Sin embargo, poco a poco se abrió el diálogo, comencé a conversar con mis compañeros de viaje, y pude vencer aquellos miedos para empezar a disfrutar de una gran experiencia. La estadía fue maravillosa y me sentí acompañada en todo momento. Cada gesto de quienes participaron de esta iniciativa permitió consolidar la pertenencia del grupo y el lazo con la Universidad.

En segundo lugar, rescato las múltiples sensaciones que me produjo el hecho de dejar de estar detrás de la computadora para trasladarme a lo vivencial, a situaciones físicas y reales. Fue una ruptura concreta que me permitió vincularme de otro modo con el saber, con la construcción del conocimiento y el aprendizaje. En el mundo virtual la distancia que nos separa de nuestros compañeros de grupo, en muchas ocasiones, llena de soledad nuestros días de estudio. A lo largo de la formación académica, recorremos los espacios virtuales de la Universidad a través de sus aulas, foros y clases, por lo general, sin poder establecer un diálogo directo con otra persona en el momento en el que todas las sensaciones suceden; cada compañero asiste al aula cuando puede y no es usual que nos juntemos más de tres estudiantes.

Acerca del viaje y el recorrido pedagógico

Participamos del viaje unas cuarenta y cinco personas. Luego de llegar al hospedaje, en el colegio La Salle, la primera tarea fue instalarnos en las habitaciones, que estaban dispuestas para alojar entre cinco y siete personas. Como no conocía a ninguna de mis compañeras, no sabía con quién compartir el cuarto. De pronto, escuché que desde una habitación anunciaban que había espacio para dos personas, así que me decidí, entré, me presenté y dejé allí mis pertenencias. Con un pequeño grupo, decidimos comenzar a recorrer el lugar guiándonos con el mapa que nos habían dado al subir al micro. Anduvimos por las calles cercanas al colegio, llegamos al río Paraná y cruzamos hacia el monumento a la Bandera.

Luego, llegó el momento de la primera excursión. Partimos hacia la sede de IRICE- CONICET, donde se encuentran los Archivos de las hermanas Cossettini. En ese momento, pensaba en mis años de estudio y en el contacto que establecí a lo largo de la carrera con cada material de trabajo; pensaba cómo logré apropiarme y reflexionar de manera vivencial sobre el movimiento pedagógico “Escuela Nueva”, que desarrollaron entre 1935 y 1950 estas protagonistas. En la exploración de los materiales de lectura, esta frase escrita en el diario de clase de Leticia Cosenttini  quedó como un interrogante interno: “El verdadero maestro es aquel que hace de sus días un volver a empezar eterno, sublime y doloroso a la vez” (1940, p. 1). Realmente, para un docente cada nuevo día de clase significa nuevas experiencias, un proceso continuo de evaluación y autoevaluación, reflexión, una interacción permanente con sus estudiantes y sus colegas…

Fuimos a almorzar a orillas de un lago frente al “Jardín de los niños”, el primero de los espacios del Tríptico por conocer. Con el acompañamiento de los guías, nos fuimos interiorizando en las características del lugar y su historia. Luego, nos invitaron a recorrer el espacio y jugar libremente. Me gustó, especialmente, completar los tangrams gigantes (juego de origen chino que está compuesto por siete piezas con las que se pueden armar diversas figuras); y subir a la máquina de volar, donde tuve la sensación de volver a ser una niña. Aunque lo mejor, sin lugar a dudas, fue la montaña de los deseos y las sensaciones. Allí pudimos recorrer los caminos, subir por la senda y escuchar el cuento que se relataba en el silencio del lugar. Al final del recorrido, los guías nos ofrecieron dejar nuestros deseos junto al fuego para, luego, ser quemados y esperar que se cumplan.

En el segundo día del viaje, fuimos a conocer el proyecto “Ciudad de los niños y las niñas” en la estación Embarcadero. Se trata de un lugar de encuentro para las familias, abierto todos los días y desde donde se proponen y organizan espacios de recreación para los habitantes rosarinos y los visitantes. Luego de almorzar, fuimos a la “Isla de los inventos”, donde, a partir de juegos y espacios lúdicos, (re)descubrí mi capacidad de crear, inventar e imaginar.

Quiero destacar la primera construcción del proyecto “Ciudad de los niños y las niñas”: la “Granja de la infancia”, que recupera un espacio perdido (el basural) y lo revaloriza combinando la naturaleza con la creación de espacios de juego e invento a partir de la física, la bilogía y la química.

EXPERIENCIA DE VIAJE

Al regresar a Buenos Aires pensaba cómo trasladar a mis prácticas diarias en el Jardín donde trabajo las experiencias vividas en el viaje, reflexionaba sobre cómo podría planificar las clases para vivificar los contenidos creando unidades de sentido a través de juegos, experimentos e inventos que sean significativos tanto para los niños como para los adultos. Sobre la base de las experiencias compartidas en el Tríptico, me preguntaba por qué no crear mundos de juego para construir conocimiento y estimular la imaginación. A partir de lo vivido, me di cuenta de la importancia de poner el cuerpo en el proceso de aprendizaje y no solo la mente o la memoria. A través del diálogo, la comunicación, los intercambios grupales, la participación en situaciones concretas, lo lúdico, es posible lograr aprendizajes significativos. Creo haber comenzado un camino hacia la transformación de mis prácticas diarias, en el que me propongo revalorizar la vivencia de los contenidos y las unidades didácticas, y rescatar la importancia del juego a la hora de planificar la enseñanza y la evaluación de los aprendizajespunto final_it8x12


bibliografia Referencias bibliográficas

Larrosa, J. (2011) La experiencia de la lectura. Estudios sobre filosofía y formación. Nueva edición revisada y aumentada. México: Fondo de cultura económica.

Diario de clase de Leticia Cossettini 5º grado (1940) Recuperado de http://www.unr.edu.ar/noticia/2870/archivo-pedagogico-cossettini-la-vigencia-de-olga-y-leticia

 

Juliana Vázquez
Sobre la autora

Nací en Santa Teresita (partido de La Costa). A los 21 años me recibí de maestra jardinera. Hoy, con 28 años, sigo estudiando. En 2014 comencé la Licenciatura en Educación en la Universidad Nacional de Quilmes modalidad a distancia. Trabajo en el Jardín 912 de mi ciudad, junto a un grupo de compañeras excelentes con las que siempre nos ponemos de acuerdo para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje.

La experiencia del viaje a Rosario me ayudó a reflexionar, principalmente, sobre la importancia de rescatar la libertad del juego con un sentido didáctico y una intencionalidad pedagógica.

 


Fotografías de este artículo: Juliana Vázquez

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