Confiar en la posibilidad

 por Anna Fioravanti1

Extenso y penoso fue el camino que debí transitar hasta llegar a la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y su modalidad virtual. Tras haber aprobado treinta materias de la carrera de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y cursado los seminarios obligatorios para la licenciatura, diversos impedimentos físicos y tormentos espirituales demoraron durante décadas el sueño de obtener el diploma. En rigor, más que de un sueño, se trataba de lo que yo sentía como un deber hacia mi padre, que me infundió casi todo lo que de energía y vitalidad hay en mí. Luego, fue pasando década tras década hasta que, providencialmente, conocí a un amigo que me habló de la Universidad Virtual de Quilmes, de cuya existencia yo no tenía ni idea.

La poliomielitis que, con apenas dos años, me había dejado sin poder caminar, mis dudas y temores, lo avanzado de mi edad, no impidieron que emprendiera el nuevo camino con miedo y confianza a la vez. Confieso que me da vergüenza ser tan autorreferencial, pero en este caso no encuentro una alternativa mejor que invite a otras personas en similares condiciones a dejar de ver molinos de viento gigantescos donde sólo hay barreras a superar. Y lo digo también (¿por qué no?) para que no se dejen arredrar por los consejos de los (afortunadamente pocos) bienintencionados “amigos”, con los que más valdría emplear la sugerencia de Charly García en su canción “El fantasma de Canterville”: Y jamás volveré a fijarme / en la cara de los demás / esa careta idiota que tira y tira para atrás. De modo que, para seguir cantando, esta vez con Serrat, tire pa’lante, que empujan atrás.

Y así decidí tirar pa’lante, porque atrás empujaba la Universidad de Quilmes. Por supuesto, no olvido mi paso por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, que hizo posible mi ingreso en la UNQ. Pero, sin duda, fue esta última institución la que permitió coronar el esfuerzo anterior y alcanzar la meta.

Desde diciembre del año 2002, soy integrante y cofundadora de la Biblioteca Kierkegaard Argentina. Cuál no sería mi sorpresa cuando ya en el Curso Inicial de Socialización, con la profesora Miriam Medina, encontré varias veces citado precisamente a Søren Kierkegaard, el Gran Danés, como empecé a llamarlo desde el comienzo, en ¡nada menos que la Guía para citar y referenciar bibliografía adaptado al Estilo Harvard! Esa fue mi entrada en el universo virtual que, a partir de ese momento, se me hizo familiar y que, gracias a la actividad integradora y atenta del cuerpo de profesores en cada una de las materias siguientes, fui sintiendo cada vez más real y menos lejano. Supongo que todos los graduados lo hacen, pero considero que no es redundante destacar la labor de excelencia de estos profesores y la dedicación con que reciben nuestros trabajos, seleccionan las carpetas de trabajo y la bibliografía complementaria, explican los diversos temas, responden nuestros interrogantes y calman nuestras inquietudes. Así, Cristina Carballo en Geografía Humana; Luciana Guido, Nancy Calvo, Santiago Garrido y Elisa Pérez, en las materias sociales; Daniel Busdygan, Facundo García Valverde y Luciano Anzelini, en las filosóficas; Roxana Boixadós, en Antropología; Roxana Ybañes y Adriana Imperatore, en las literarias, y, last but not least, como dicen los ingleses, Ana Aymá en Artes y en Comunicación, fueron quienes nos sostuvieron a mis compañeros y a mí en esta aventura con su generosidad y cordialidad en el trato. A algunos de ellos, tuve también la alegría de conocerlos durante los exámenes presenciales y debo decir que superaron ampliamente las expectativas de la imagen previa que me había formado acerca de su calidez, espontaneidad y ternura.

En cuanto a la organización y empeño que cada uno debe aportar a esta tarea es también de suma importancia. Ya que de nada valdría la capacidad y la buena disposición de profesores y tutores si de este lado no existiese una respuesta adecuada. Me refiero al orden y la distribución del tiempo a fin de llegar a estudiar la bibliografía de cada tema, la puntualidad en la entrega de los trabajos, el compromiso concreto y prioritario por cumplir con los objetivos propuestos. No pensemos que tenemos todo el tiempo por delante. Más bien, una vez tomada la decisión, no lo desperdiciemos. Dicen que a la ocasión la pintan calva porque, cuando pasa, ni por los cabellos podemos retenerla. Recuerdo que una de mis mayores preocupaciones, dado el estado deplorable de un servicio tan necesario como la luz eléctrica, era no poder enviar los trabajos prácticos en los plazos estipulados. Pero, luego, caí en la cuenta de que hasta esa misma preocupación era inútil, al tener a nuestra disposición las unidades de Drive u otro servicio de alojamiento de archivos en la web, donde poder almacenar los trabajos y enviarlos desde una computadora de cualquier lugar. Los pocos problemas que pudieron llegar a presentarse en ese aspecto obedecieron más a nuestra impaciencia y ansiedad, la de los alumnos, que a dificultades reales.

Otro punto que me gustaría destacar es la labor del personal de la División de Salud y Discapacidad, a cargo de Gabriela Capel, Yamila Arias y María Soledad González, siempre dispuestas a satisfacer cualquier necesidad y a facilitar los recursos de que dispone la Universidad para hacer menos complicada nuestra inserción en ella. Y, por supuesto, resuelto el tema, no menor sino siempre traumático, de los baños para discapacitados motores en condiciones óptimas.

También, la labor de quienes están a cargo de la edición de esta revista. Recuerdo cuando, a fines de mayo de 2016, recibí un correo de la Dra. Roxana Ybañes, en el cual me invitaba a participar de un dossier sobre Literatura argentina organizado por el comité de Sociales y Virtuales, que integran Carolina Abeledo, Alejandra Rodríguez y Cecilia Elizondo. Por supuesto, acepté con enorme alegría el inesperado honor de haber sido convocada, ya que la orientación que había elegido era justamente la de focalizar mis estudios en Literatura. Y ahora, una vez más, tengo el gusto de comunicarme con ustedes y compartir las experiencias vividas en un tiempo de esfuerzo, concentración, entusiasmo y plenitud.

Por otra parte, para quienes vivimos en la ciudad de Buenos Aires, cada viaje a Bernal representaba, además, el encuentro con barcos en el río, calles onduladas y tranquilas,  casas bajas, muchas muy bonitas en los alrededores de la Universidad. En verdad, sorprende conocer en vivo y en directo el edificio de la querida UNQ. La bordean caminos espaciosos, árboles, sol, a veces lluvia, césped, bancos, donde los estudiantes pasean o estudian o charlan mientras toman un café y comen algo antes o después de clase y de los exámenes. Amplitud y luminosidad que se repiten en el interior de los pabellones y logran un ambiente agradable, sencillo y acogedor, donde siempre se puede encontrar una mesa, un tomacorriente para enchufar una notebook o una tablet y trabajar sin sobresaltos mientras se espera, o recorrer las huellas del testimonio de las madres de Plaza de Mayo, o una muestra fotográfica sobre los desparecidos, por ejemplo.

El paso ineludible por la librería nos ayuda a encontrar cantidad de obras importantes para cada carrera a precios accesibles a quienes amamos los libros, así como útiles y recuerdos.

Finalmente, dos cosas más:

A los compañeros que emprendan de ahora en adelante el camino que ya transitamos nosotros, recordarles lo que el cineasta belga Luc Dardenne, en su libro Detrás de nuestras imágenes, destaca, de entre lo mucho que dice Kierkegaard, que el único antídoto eternamente infalible contra la desesperación es la posibilidad. De modo que no importa en qué lugar nos sitúa la vida, pues tanto los que afirman una visión del mundo en que todo es necesario y determinista como los que afirman aquella otra en que todo es trivial o banal se niegan a la posibilidad. Negarnos a la posibilidad significa perdernos para nosotros mismos y para los demás.

La Universidad Nacional de Quilmes, sus integrantes, desde el primero hasta el último de los trabajadores que hacen posible una organización fuera de serie, han sido mi posibilidad en el ámbito educativo cuando parecía no tener ninguna. En ella y con ellos, me sentí como en mi nueva casa, una casa que deploro no haber encontrado antes y de la que salí enriquecida y fortalecida para seguir trabajando con un respaldo mayor. A ellos, a ustedes, por siempre, todo mi agradecimiento. punto final_it8x12


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[1Anna Fioravanti. Licenciada en Ciencias Sociales y Humanidades. Modalidad de educación a distancia de la Universidad Nacional de Quilmes, Universidad Virtual de Quilmes.

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