Septiembre llegaba a su fin

 por Martina Lopresto  

Septiembre llegaba a su fin. Por sobre sus cabezas el cielo ardía, la tarde esperaba lenta, sutil y expectante. Allí, debajo de las nubes anaranjadas, reposaba el anhelo colectivo y una pesadumbre histórica semejante al grito que, luego, se escucharía con la conquista de otros y nuevos derechos.

Allí estaban, disimulando el cansancio de una larga espera, una espera ansiosa que hoy era semejante a una dócil realidad. La voz de Evita, como un ángel caído, su figura de perfil, el rodete inmune a los escrúpulos ajenos, encendía hogares: “Ha llegado la hora de la mujer que piensa… y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país, que es, en definitiva, el destino de su hogar”, encendía deseos y apaciguaba ilicitudes venideras. 

¿Es ahora? Se preguntaba Claudia mientras arreglaba su delantal. Miró de reojo a Belén que sintonizaba la radio, la misma radio que se había comprado con el último aguinaldo; ¿realmente sucederá? reflexionaba Ana mientras le daba de comer en la boca a José y planchaba la camisa de Ernesto que en media hora entraba a la fábrica; del otro lado de la calle, María junto a Soledad le ponían más hilo a la máquina de coser. Y si no, ¿cuándo? 

Septiembre prometía revolución. En Plaza de Mayo los autos avanzaban perplejos ante las largas filas, ante la euforia, ante las nuevas banderas, símbolos del vigor femenino que acontecía. La ciudad en vigilia que permitía el entusiasmo y un número pasaba de boca en boca “Ley 13.010”, voces fuertes repetían y exclamaban, “¡una, dos y tres, que se apruebe de una vez!”, las mismas voces que, luego, con ímpetu les narraron a sus nietas cómo colocaron su primera firma en un sobre blanco.

Reconquista y Rivadavia tenía un puestito de diarios. Allí, justo en la esquina, Miguel atónito, en un ínterin oculto, observó las formaciones que teñían de optimismo y vehemencia los balcones, y se preguntó qué motivaba la ambición de tal accionar; Marta, anhelando la libertad de sus compañeras, respondió, más bien, pensó que la presencia de nuevas generaciones –las hijas, nietas y bisnietas– era justificación suficiente a la intuición del auge de una nueva bandera.

La misma bandera que prontamente escribiría la historia desde el deseo y la empatía: la conquista del voto femenino era solo el comienzo. punto final_it8x12


¿Cómo citar este artículo?

Lopresto, M. (2021). Septiembre llegaba a su fin [cuento corto]. Sociales y Virtuales, 8(8). Recuperado de http://socialesyvirtuales.web.unq.edu.ar/obras-literarias/septiembre-llegaba-a-su-fin/


Ilustración de esta página: López Schrock, H. L. (2021). Mujeres en el voto [composición digital]. Programa de Cultura de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universitaria de la Universidad Nacional de Quilmes, convocatoria artística “Imaginerías de una lucha”. Bernal: UNQ.

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