Nos encontraremos

 por Ariana A. Pereyra  

Pasó tiempo desde la última vez que te escribí. Siempre lamenté escucharte hablar cuando te referías a los derechos de la mujer. Claramente te convencieron. Te convencieron de que eras un ser destinado a ocupar un segundo lugar, detrás de un hombre; primero, por debajo de tu padre y, luego, de tu esposo. Te han dicho tantas cosas. Asegurabas que aquellas mujeres insensatas que recorrían las calles, haciendo carteles y discursos, no se ocupaban de sus obligaciones; descuidaban a sus hijos y a su casa, todo por un derecho que no les competía, que no merecían. Repetías, incansable, aquello que gritaban las voces masculinas y algunas femeninas: ¡La política no es para la mujer! Te unías a las risas, manifestadas en los diarios, tras el primer simulacro de votación femenina. Pero cada día surgían en ti las semillas de la duda. Sabías que algo no estaba bien. Seguramente, en las reuniones de familia o amigos, los discursos sobre la mujer y la política te comenzaban a molestar. Nos reducían a la nada misma. Luego, mirabas a tu pequeña y pensabas en su futuro. Ahora no te pasa por la mente que mujeres como nosotras seamos insensatas. Tenemos dos grandes luchas continuas, no solo debemos reafirmarnos hacia ciertos hombres por nuestro derecho político, sino que también necesitamos convencer a muchas mujeres de que no somos ciudadanos de segunda clase. No debemos actuar como si nuestras voces no importaran más que para decidir la decoración del hogar o la ropa de nuestros hijos. Te lo digo y afirmo, la conversación de matrimonio no debe reducirse a temas referentes a la cena o al conventilleo habitual del vecindario. Sí, podemos darles nuestra opinión más allá de qué corbata se pondrán hoy. Tenemos el derecho de trabajar, estudiar y administrar nuestro dinero igual que cualquier otra persona. Siempre hemos contribuido a la economía nacional, ¿por qué no habremos de hablar y opinar sobre cuestiones políticas? Unos hablan de un voto simplemente, pero deben entender que consiste en un grito de expresión, de libertad. 

La señora Lanteri nos ha citado a todas las mujeres –desde la Asociación Universitarias Argentinas, el Centro Feminista de Librepensamiento y la Liga Argentina de Mujeres Librepensadoras– a debatir nuestros derechos y preocupaciones en el Primer Congreso Internacional de la Mujer en Argentina. ¿Podés creer hasta dónde hemos llegado?, y pensar que mi esposo decía que no llegaríamos ni a la vuelta de la esquina. Ahora, felizmente, puedo afirmar que se ha equivocado; así, con la misma emoción, estoy iniciando los trámites del divorcio. No todas tenemos la suerte de Raquel, que tiene un esposo que le acompaña. Dice que será el primero en aplaudir la constitucionalidad del voto femenino; esperemos que ocurra pronto. Mientras, nos encontraremos en el Congreso, no se demore y traiga a su hija. Ya está grande para entender e involucrarse en estos temas. Incluso, le llevaré esa torta que tanto le gusta. Es una gran oportunidad para ponernos al día. Las diferencias primarias nos han separado, pero el destino deseaba que transitáramos los mismos caminos de lucha. 

Hasta pronto, mi estimada Marta.

Tu amiga del tiempo,

Estela Justo. punto final_it8x12


¿Cómo citar este artículo?

Pereyra, A. (2021). Nos encontraremos [cuento corto]. Sociales y Virtuales, 8(8). Recuperado de http://socialesyvirtuales.web.unq.edu.ar/obras-literarias/nos-encontraremos/


Ilustración de esta página: Gimeno, F. (2021). Homenaje a mi abuela Erme y Relato sobre la obra [composiciones digitales]. Programa de Cultura de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universitaria de la Universidad Nacional de Quilmes, convocatoria artística “Imaginerías de una lucha”. Bernal: UNQ.

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