Visiones del pasado en la historia argentina. Del centenario a la dictadura militar de 1976

por Silvia Ratto[1]  Ratto 

 

Forma parte del sentido común considerar que el relato del pasado es un campo exclusivo de los historiadores o al menos un territorio que les corresponde “legítimamente”. Esta mirada clásica de la historiografía deriva en que el estudio de las visiones de tiempos pretéritos esté centrado en las características de las llamadas corrientes o escuelas historiográficas poniendo especial énfasis en el interior de estas como ejes de análisis, los temas estudiados, las técnicas empleadas —incluyendo aquí los conceptos teóricos utilizados propios de la historia o “prestados” de otras disciplinas sociales— y las instituciones que le dan apoyatura y legitimación. Esta aproximación asemeja la historiografía a una suerte de “historia de las ideas” y deja de lado una cantidad de representaciones del pasado producidas por otros actores e instituciones: por el Estado a través de discursos, conmemoraciones, efemérides patrióticas; por los partidos políticos; por los escritos de intelectuales y periodistas; y, más recientemente, por producciones audiovisuales y por medios de comunicación masivos. Esta multiplicidad de relatos creó verdaderas “disputas por el pasado” en las cuales historiadores profesionales, divulgadores y diversas dependencias estatales competían por imponer sus propias representaciones de la historia del país. De más está decir que cada una de estas miradas provenía de las preocupaciones por el contexto sociopolítico en el que se originaban.

Los trabajos presentados en este dossier fueron realizados en el marco de la asignatura Problemas de Historiografía Argentina de la Licenciatura en Historia de la Universidad Nacional de Quilmes, que tiene como eje central estudiar esa multiplicidad de representaciones del pasado. La consigna disparadora de los tres textos fue elegir un momento particular de la historia argentina y estudiar los diferentes relatos que circularon en ellos prestando atención a su contexto de producción.

El trabajo de Nicolás Depetris se sitúa en la época del centenario, momento en que surge el primer grupo de historiadores profesionales que impondrá el método histórico de investigación y será responsable de diseñar la historia patriótica, base del aparato educativo nacional; pero al lado de ellos, intelectuales positivistas de distinta profesión, preocupados por la crisis social que se vivía en el país, construirán sus propios relatos sobre el pasado.

El texto de Alejandro Caraccioli analiza el período 1930-1943 durante el cual, al lado de la “historia oficial”, surge una nueva mirada: la revisionista, que se presenta como su adversaria y se plantea contar la “verdadera historia”. Aquí también el contexto político de la crisis del 30 es central para identificar nuevos relatos y los escritos de los intelectuales del Partido Comunista son un buen ejemplo de ello.

Finalmente, Matías Veiga trabaja el período 1955-1973 durante el cual las disputas por el pasado cobraron mayor relevancia en sintonía con un contexto político de inestabilidad y violencia institucional. En este momento, el impacto del peronismo, expulsado del gobierno pero sumamente activo desde la oposición, provocó reacomodamientos y divisiones tanto entre los revisionistas como entre los intelectuales del PC. A este escenario se debe agregar un grupo de historiadores que, aunque reducido en su tamaño, producirán una renovación muy significativa en el campo historiográfico adoptando temáticas y metodologías extendidas en Europa y en Estados Unidos.

Creo que esta mirada amplia sobre quiénes —y con qué objetivos— producen relatos del pasado es fundamental para nosotros como historiadores por dos motivos. En primer lugar, porque no tengo duda de que no son nuestros relatos los que llegan al gran público creando imágenes del pasado que se convierten o ratifican sentidos comunes de larga tradición. Esto debe interpelarnos —al menos a los que consideramos que nuestro trabajo no tiene sentido si queda encerrado en el ambiente académico— para producir materiales que sean atractivos para gente interesada en conocer nuestro pasado. Desde la década del 2000 un grupo de historiadores encaró con decisión este camino que es fundamental sostener y profundizar. En segundo lugar, y vinculado con lo anterior, creo que la premisa del historiador Benedetto Croce “toda historia es historia contemporánea” debe ser explícita a la hora de producir esos materiales porque es también el presente el que promueve la lectura sobre nuestra historia. Todas estas cuestiones fueron objeto de muy interesantes debates durante la cursada de la asignatura y los tres trabajos que se presentan son una muestra representativa de ellos. punto final_it8x12


pastilla_der Notas

[1] (UNQ-CeHCMe/CONICET).

 

 


Ilustración de esta página: Zarate, Y. E. (2019). Memoria (fragmento). [Bordado sobre lienzo con fibras vegetales]. En Programa de Cultura (Coord.) “Exposición 30 años, 30 obras”. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes. Clic en la imagen para visualizar la obra completa

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