Las visiones del pasado desde los 30 hasta el 55

por Alejandro Caraccioli  Caraccioli 

Resumen

El siguiente análisis se centra en los trabajos historiográficos producidos en la Argentina de los años 1930 al 1955, época de grandes tensiones políticas, económicas y sociales, que al mismo tiempo vio nacer una de las corrientes historiográficas más importantes de nuestro país: el revisionismo. En este trabajo nos proponemos establecer las diferencias y similitudes que existieron entre las visiones del pasado propuestas por las principales tendencias historiográficas de la época. Por otro lado, abordaremos los usos poco académicos que tuvieron estos relatos históricos en el ámbito de la política.

Breve descripción del contexto histórico

La estructura económica del país durante los gobiernos radicales quedó incólume y se siguió fundando en el latifundio y en el frigorífico; el gobierno se abstuvo de modificar el régimen de producción y la situación de las clases no poseedoras (Romero, 1965).

Con la asunción al poder de Uriburu por medio de un golpe de Estado, se abrió una etapa de democracia fraudulenta promovida por aquellos que intentaban sujetar al país en la trama de sus propios intereses (Romero, 1965).

La crisis de la economía mundial impactó en el sector externo y cambió las condiciones para la acumulación económica. Como consecuencia de las dificultades que atravesaba la economía, el Estado comenzó a intervenir, regulando allí donde hasta entonces solo el mercado tenía incumbencia. Las limitaciones del sector externo crearon las condiciones para desarrollar ciertas industrias locales.

La situación se hizo más crítica cuando en 1932 Gran Bretaña firmó el pacto de Otawa, en el cual le daba preferencias a las adquisiciones de sus propios dominios, por lo que constituía una amenaza directa para las exportaciones argentinas. Esto dio como resultado la firma del tratado Roca-Runciman; tratado que fue coronado con el asesinato del senador Bordabehere. Así quedaba de manifiesto la intención del gobierno de ajustar sus actos a los intereses del capital extranjero (Romero, 1965).

La revolución del 4 de junio de 1943 llevó al poder al general Pedro P. Ramírez, pero junto con él ascendía, primero como subsecretario de Guerra y luego como presidente del Departamento Nacional de Trabajo, el futuro presidente de la Argentina, Juan Domingo Perón (Romero, 1965).

En el ejército algunos grupos reconocían la capacidad de conducción de Perón y aprobaban su plan de atraer a los obreros con el ofrecimiento de algunas ventajas para sujetarlos a los ambiciosos planes del Estado Mayo, pero otros no tardaron en descubrir el peligro que entrañaba la organización de poder que Perón construía rápidamente en su beneficio y opinaron que constituía una amenaza para las instituciones democráticas. Luego de que Perón fuera removido de todos sus cargos y procesado, el 17 de octubre de 1945 nutridas columnas de sus partidarios emprendieron la marcha en el centro de Buenos Aires y se concentraron en la Plaza de Mayo para solicitar el regreso de su jefe (Romero, 1965).

A partir de ese momento su figura cobraría relevancia en la historia argentina, logrando dos presidencias que lo llevaron a ser aclamado por las masas. Su gobierno finalizó tras el golpe de 1955 (Romero, 1965).

Recorrido historiográfico

Después del punto de partida impuesto por Mitre, la historiografía argentina entró en un momento de crisis del cual solo iba a salir con la llegada de la NEH (nueva escuela histórica) que planteaba una nueva forma de hacer historia muy apegada a los métodos historiográficos.

Halperín Donghi (1986) remarca la insistencia de la NEH en el rigor metódico como la única forma válida de cualquier construcción historiográfica. Los historiadores de esta nueva escuela aspiraban a ofrecer una imagen imparcial y objetiva del pasado gracias a la aplicación de las reglas del método: “(…) así, la historia alcanzaba la condición de saber científico” (Cattaruzza, 2015, p. 1). Esto les impediría advertir que “(…) cualquier esfuerzo por poner a la historiografía a la altura de los tiempos debía también incluir una renovación de las preguntas que el historiador formula al pasado…La elaboración de articuladas interpretaciones de complejos procesos pasados no era en efecto para la NEH un momento en la tarea del historiador científico (…)” (Halperín Donghi, 1986, p. 489).

Luego, estalló la crisis política y económica del año 30, que se trasladó a las universidades de la época en forma de cerrazón ideológica. Halperín Donghi (1986) describía a la actividad historiográfica de la NEH en esa época de la siguiente manera: “Para adaptarse al clima creado por la crisis argentina, el conocimiento histórico debía ofrecer garantías de su total irrelevancia al presente y al futuro, limitando sus perspectivas a aquellas que los poderosos de turno juzgasen inofensivos” ( p. 491). Eso, en efecto, es lo que hizo la NEH para lograr su supervivencia en ese clima político.

Fue difícil para los historiadores de esa época encontrar en la “historia oficial” creada por la NEH las soluciones que se buscaban para contraponerse a la crisis vivida. Entonces, a esa visión del pasado se contrapuso pronto otra “que veía en la toma de conciencia de la crisis, en que el país aparecía cada vez más hundido, el necesario punto de partida inspirada en la esperanza de encontrar en él claves y orientaciones para el futuro” (Halperín Donghi, 1986, p. 491). Sin embargo, uno de los mayores logros del revisionismo fue haber creado una historia popular, al alcance de la mayor parte de la población.

Sin duda, el suceso más importante dentro de la cultura histórica de la Argentina a partir de 1930 fue la aparición o consolidación del revisionismo. Se trató de una empresa a la vez historiográfica y política. El revisionismo aportó una nueva versión del estudio del pasado, que obviamente también respondía a ciertos intereses políticos y sociales (Halperín Donghi, 1986).

Pero para entender en profundidad al revisionismo debemos hacernos la misma pregunta que se hace Cattaruzza (2003): “¿Qué es lo que distingue al revisionismo con las otras formas de ver el pasado? (p. 145)”. Así, en este trabajo nos proponemos diferenciar la corriente revisionista de la nueva escuela histórica y de la mirada que tuvo el Partido Comunista (PC) con respecto a ese pasado argentino.

En un primer acercamiento a esta escuela historiográfica podemos observar un interés muy acentuado (por lo menos en los primeros revisionistas) en la figura de Rosas y de sus gobiernos. Pero como remarca Cattaruzza (2003), la exaltación de los gobiernos de Rosas no basta para definir al revisionismo. “Los neorrevisionistas tendían a preferir a los caudillos del interior, llegando a proclamar que el rosismo y el mitrismo eran dos alas del mismo partido” ( p.145).

De todas maneras, la idea de rescatar del pasado argentino la figura de los caudillos y sobre todo la de Rosas no es exclusivamente propiedad de los autores revisionistas. Emilio Ravignani (1927), uno de los fundadores de la nueva escuela histórica, ya había dicho que “era la política rosista la que había puesto los cimientos de la organización nacional” (Cattaruzza y Eujanian, 2003, p.147).

Hay varios ejemplos en el libro Políticas de la Historia Argentina 1860-1960 de Alejandro Cattaruzza que demuestran lo dicho en el párrafo anterior, pero que no resulta necesario nombrarlos, lo importante aquí es señalar que la escuela revisionista no fue muy innovadora a la hora de seleccionar temáticas de estudio (Cattaruzza, A., y Eujanian A, 2003).

Pero si el revisionismo no se diferenciaba tanto de las demás escuelas historiográficas por su selección de temas de estudio, cabe preguntarse qué era lo que la diferenciaba. Para entender esto deberíamos enfocarnos en la principal tarea del revisionismo, con la que muchos autores de esta escuela se sentían identificados: “(…) cambiar la que, sostenían, era la versión dominante del pasado argentino por otra no solo más verdadera, sino más adecuada a los intereses nacionales, convirtiéndola en una nueva historia oficial” (Cattaruzza y Eujanian, 2003, p.146).

Cattaruzza dice en reiteradas ocasiones que el mayor éxito del revisionismo fue la creación de un adversario homogéneo, la “historia oficial”, que se consideraba heredera de la escrita por los vencedores de Caseros. Los revisionistas, al exaltar la figura de Rosas, construían una tradición política diversa de las disponibles; “(…) todas, de cualquier modo, se planteaban nacionales” (Cattaruzza, 2015, p. 8).

En cambio, la historia y la política interpretada por el comunismo apuntaban a una visión más internacional, además de preocuparse por la dependencia y el imperialismo que sufría Argentina por parte de Inglaterra en esa época. Lenin se referiría a América Latina como una semicolonia inglesa.

A simple vista podríamos encontrar algunas comparativas de la visión del pasado del PC con el revisionismo, por ejemplo, en la crítica del pacto Roca-Runciman, hecho que había generado un gran antiimperialismo entre los revisionistas. Pero la principal característica de la visión del pasado del PC era que había que crear una clase burguesa con identidad suficiente para no someterse a los intereses ingleses; decía que en el pasado no se había producido una revolución democrático burguesa y la economía nacional, deformada por el imperialismo, no se había desarrollado hacia formas capitalistas plenas (Cattaruzza, 2007).

El PC vinculaba nuestra situación semicolonial de la época con el pasado y la Revolución de Mayo; en eso, desde nuestro punto de vista, se distinguía de las otras visiones históricas. Para los comunistas argentinos antes y después de Mayo existió un régimen feudal, por lo que la revolución burguesa estaba pendiente aún (Cattaruzza, 2007).

A partir de los años 40, surgió un grupo de intelectuales en el PC que se empezaron a preocupar de manera exclusiva por el pasado argentino. Rodolfo Puiggrós fue uno de ellos y llevó a cabo una interpretación comunista de la historia preocupándose por el hecho de que en la Argentina no se había producido un movimiento revolucionario democrático-burgués, dado que los grupos sociales existentes en el seno de un modo de producción todavía feudal lo impedían; pero, al mismo tiempo, diferenciaba una herencia progresista en la línea historiográfica de Mayo, sobre todo en las figuras de Artigas y Moreno, en las cuales creía ver claros ejemplos de militantes revolucionarios. Además, se empezó a ubicar en esa senda progresista, inaugurada con la Revolución de Mayo, a la clase obrera del siglo xx; es decir, se preocuparon por crear una historia de la Argentina desde el punto de vista de la clase obrera, una historia comunista de la nación. No menos significativo es el hecho de que se comenzó a tomar una actitud mucho menos distante ante los símbolos patrios, como la bandera y el himno nacional. Sin embargo, el principal objetivo del PC, inmutable desde fines de la década de los veinte, no había cambiado: la revolución democrático-burguesa en su versión agraria y antiimperialista (Cattaruzza, 2007).

¿Pero para qué era importante construir una historia nacional? Para los revisionistas, la investigación y la enseñanza de la historia tenían una función social que era la afirmación de la nacionalidad, lo que implicaba participar en la actividad política de manera partidista. Ernesto Palacio, un intelectual revisionista, afirmaba que “no hay patria sin historia” en un texto donde uno de los capítulos, significativamente, se titulaba “Necesidad de una historia nacional” (Cattaruzza, 2015, p.4). Esto nos lleva a la conclusión de que el plano político y cultural de la Argentina estuvo marcado por los planteos de estos estudiosos, que al parecer centraron su actividad de historiadores más en la política que en la investigación histórica; en este sentido es donde se le podría hacer la mayor crítica al revisionismo. Citando a Cattaruzza (2003): “(…) hacer de la historia un acicate enérgico en la formación de una conciencia nacional era atribuible una tarea política que no se alineaba fácilmente con aquel otro objetivo primario, que era la investigación” (p. 155). No obstante, hay que tener en cuenta que no todo el revisionismo estuvo de acuerdo en participar en la política y por lo tanto hubo quienes se mantuvieron en una estricta labor historiográfica.

El PC participó en la política, pero de una manera más radical, no estaba dispuesto a negociar con ningún sector de la tradición liberal. En realidad, en un principio rompía con cualquier tradición política que pudiera considerarse nacional; no obstante, como aclaramos más arriba, posteriormente el partido tendría la necesidad de dar un giro con respecto a esa actitud. Cattaruzza ve en estos desplazamientos producidos en el PC sobre las lecturas del pasado y en las actitudes hacia sus símbolos clásicos un intento por incorporarse a la vida política argentina, con la construcción de un partido político nacional. Por eso, la importancia que le empezaron a dar a la construcción de una historia nacional, desde el punto de vista del partido (Cattaruzza, 2007).

Por otra parte, esta visión social de la historia también era compartida por la NEH. Ricardo Levene, miembro de la llamada nueva escuela histórica, sostenía que “la enseñanza de la Historia Patria” tenía un “carácter formativo de la conciencia argentina (Levene, 1946)” (Cattaruzza, 2015, p.4). Esta preocupación por formar una identidad nacional se explica por el hecho de que la llegada en masa de extranjeros significó nuevos desafíos para forjarla (Cattaruzza, 2015).

Las consecuencias políticas de la llegada al poder de Perón se hicieron sentir entre los revisionistas. El instituto Rosas se vio sacudido hacia 1950 por un conflicto interno que acabó con el alejamiento de Julio Irazusta, quien mucho tiempo después explicó el disenso en términos de hombres afectos al gobierno enfrentados con los opositores (Cattaruzza y Eujanian, 2003). “La afirmación de que el Peronismo se tiñó de revisionismo es un tanto exagerada” (p. 167). La adhesión del revisionismo al peronismo fue muy parcial; como señalamos más arriba, muchos revisionistas se abstuvieron de participar en actividades políticas. Por su parte, el peronismo aceptaba a cualquier grupo o ideología que lo apoyara y que lo ayudara a permanecer en el poder. Da la impresión de que el peronismo en sus primeros gobiernos adoptó una mirada histórica más cercana a línea de Mayo y de Caseros. Cattaruzza es muy ilustrativo con los ejemplos: el caso de los nombres impuestos a los ferrocarriles nacionalizados es uno de ellos, lo mismo pasaba con los manuales de las escuelas (Cattaruzza, A., y Eujanian A, 2003).

El gobierno de la autodenominada Revolución Libertadora redefine las alineaciones histórico-políticas identificándose a sí mismo con la línea antirrosista Mayo-Caseros y, por consiguiente, al gobierno peronista con la tradición rosista. De esta manera, el revisionismo queda alineado junto al peronismo (Cattaruzza, 2015).

Análisis de fuente

Rosas es la clave de la historia argentina. No es que de su experiencia política queramos deducir una enseñanza sobre la forma de gobierno que convendría. No. Porque su tarea no fue de las que ofrecen modelos para la instauración de una convivencia civilizada. Pero de los principios que estaban en la lucha en la guerra civil, el de la integridad territorial que defendía Rosas, y el de la civilización, que invocaban sus enemigos, el primero era primordial, el segundo secundario (Irazusta, 1950)” (Cardinal, Cuesta, Martínez y Pasqualini, 1999, p. 78).

El texto seleccionado es de Irazusta: Ensayos Históricos. El autor intenta buscar una alternativa a lo que los revisionistas llamaban “historia oficial” y que seguía la línea de la revolución de Mayo y Caseros. Sin menospreciar del todo la tarea civilizadora que realizaron o intentaron realizar los hombres que antecedieron y sucedieron a Rosas, al autor le resulta mucho más importante la labor de este último a la hora de defender la integridad territorial de la nación. Aquí se observa una posición antiimperialista y nacionalista del autor, quien al reivindicar una figura de la historia nacional con una autoridad tan fuerte —y, además, encumbrándola como la “clave de la historia Argentina”, ya que fue el único que defendió la soberanía nacional ante los intereses extranjeros— está intentando dejar un claro mensaje al sector dirigente, sugiriéndole que debería tomar en cuenta las enseñanzas dejadas por el gobierno de Rosas a la hora de tratar con las potencias extranjeras. Hay que recordar que en el ámbito historiográfico Irazusta fue uno de los más importantes críticos del pacto Roca-Runciman. El otro extremo de la política e historia argentina, con una débil dirigencia y una clara predisposición de someterse a los intereses extranjeros, está personificado por Rivadavia, es decir, una de las figuras más importantes de la “historia oficial” de la NEH. punto final_it8x12


bibliografia Referencias bibliográficas

Calvo, N., Farberman, J., Ratto, S. (2013). “Historia Argentina”. Bernal, Buenos Aires: Universidad Virtual de Quilmes.

Cattaruzza, A. (2015). “Debates históricos, polémicas políticas: la historiografía argentina desde fines del siglo XIX”. Mimeo.

Cattaruzza, A. (2007). “Historias rojas: los intelectuales comunistas y el pasado nacional en los años 1930s.”, Rosario, Argentina: prohistoria, año XI, número 11, pp. 169-189.

Cardinal, C., Cuesta, M., Martínez, V., Pasqualini, M. (1999). Historia Argentina I (1776-1862): Debate sobre caudillismo en la Historiografía Argentina.

Cattaruzza, A., y Eujanian, A. (2003). “Políticas de la historia: Argentina 1860-1960.”, Buenos Aires: Alianza Estudios.

Halperín Donghi, T. (1986). «Un cuarto de siglo de historiografía argentina (1960-1985)», Buenos Aires: en Desarrollo Económico, vol. 25, núm. 100, pp. 487-520.

Romero, J, L. (2003). “Breve Historia de la Argentina.”, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina S.A. Colección Tierra Firme.

 

¿Cómo citar este artículo?

Caraccioli, A. (2019). Las visiones del pasado desde los 30 hasta el 55. Sociales y Virtuales, 6(6). Recuperado de http://socialesyvirtuales.web.unq.edu.ar/dossier/las-visiones-del-pasado-desde-los-30-hasta-el-55/ 

 


Ilustración de esta página: Damario, M. (2019).No es olvido (fragmento). [Técnica mixta]. En Programa de Cultura (Coord.) “Exposición 30 años, 30 obras”. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes. Clic en la imagen para visualizar la obra completa

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