Reseña crítica de la obra “Meditaciones sobre el misterio de la enseñanza” de Juan Bautista de La Salle

 por Juan Mannino  

La obra Meditaciones sobre el misterio de la enseñanza (s.f.) de Juan Bautista de La Salle es un conjunto de mandamientos educativos dirigidos a los maestros que han sido elegidos por Dios para la instrucción de los niños. El libro está estructurado en XVI capítulos de tres puntos cada uno, que insisten, tratan y predican reiterativamente las premisas del celo y la vigilancia, el castigo, el custodio y el pecado.

Todas estas son palabras con las que uno se encuentra reiteradamente al leer la obra de La Salle, lo contrario sucede con la palabra “escuela”, que solo figura como escuela cristina y en contadas ocasiones. Esto no es casualidad, ya que para el autor la escuela cristiana es un medio para la santificación de los niños. En ese sentido, no existen claros límites (tangibles e intangibles) entre la Iglesia y la escuela, más bien, todo lo contrario. El maestro debe ser un ángel custodio que, en la medida de lo posible, cuide con ardiente celo el desarrollo de sus niños para apartarlos del pecado, advirtiendo y corrigiendo, mediante castigo prudente (de ser necesario), a los escolares. No solo en las horas de escuela o iglesia, sino incluso fuera de estos ámbitos.

Para La Salle, los maestros no son más (ni menos) que un medio para encaminar la salvación de las almas de los niños y, a través de este ministerio, también la de ellos mismos.

comienzo-citas Puesto que sois embajadores de Cristo en el empleo que desempeñáis, debéis ejercerlo como representante del mismo Jesucristo. El cual quiere que vuestros discípulos os consideren como a Él mismo, y que reciban vuestras instrucciones como si fuera Él quien se las diese… (La Salle, s.f.)

De todos modos, vale destacar algunas nociones importantes a las que arriba el autor en lo que, a primera vista, no parece más que un manual de instrucciones para los maestros.

En el capítulo V, La Salle establece que los niños aún no están listos para comprender y practicar las verdades y máximas cristinas, por eso Dios les proveyó de buenos guías y ángeles visibles para que les enseñen.

En el capítulo VI, nos revela cómo debe enseñar el maestro o ángel custodio y cómo llevar a cabo la educación de la juventud. “Es obligación vuestra subir todos los días a Dios por la oración, para aprender de Él cuanto debéis enseñarles; y bajar luego a ellos, acomodándolos a su capacidad, para descubrirles cuanto Dios os haya encargado que les digáis…” (La Salle, s.f.).

En el capítulo XIV, el autor deja bien claro que la prioridad, en lo que hoy llamaríamos curriculum, debe ser la instrucción de la religión:

comienzo-citas Si habéis dado la preferencia a la enseñanza de las materias profanas, como lectura, escritura, y aritmética, sobre aquellas que son de mucha mayor importancia porque, de por sí, contribuyen al sostenimiento de la Religión, aunque no debáis descuidar las primeras, que son también de estricta obligación para vosotros (La Salle, s.f.).

En este mismo capítulo, el autor repara en el cuidado de no hacer preferencias clasistas en la escuela. “Daréis cuenta a Dios…si no habéis descuidado a algunos, que eran quizá los más ignorantes, o acaso también los más pobres; si no habéis tenido predilecciones con otros, ya porque eran ricos o agraciados” (La Salle, s.f.).

La Salle también describe ciertas características que debe reunir el maestro para cumplir su labor. El maestro, antes que nada, debe dar el ejemplo y, luego, tiene que procurar con mucho celo que los niños pongan en obra las verdades del Evangelio. El maestro tiene que enseñarles a los niños los medios para practicar esas verdades.

Si bien no ahonda demasiado en la naturaleza de esos medios, sí supone que se trata de algo arduo y difícil, ya que señala que para conseguir esta labor “estéis dispuestos a sacrificar vuestra propia vida” (La Salle, s.f.); y que, finalmente, la recompensa de semejante tarea será en el reino de los cielos.

comienzo-citas En el día del juicio serán vuestra gloria si les habéis enseñado bien…seréis glorificados por haber instruido bien a los niños, y no solamente en aquel día, sino también por roda la eternidad, porque la gloria que les hayáis proporcionado se reflejará sobre vosotros (La Salle, s.f.).

La Salle propone una vigilancia casi panóptica que es llevada a cabo por los maestros. Esto se refleja no solo en la obra reseñada, sino también en otras como Guía de las escuelas cristianas y Reglas comunes a los hermanos de las escuelas cristianas (1706). Estas obras retratan una vigilancia precisa y funcional llevada a cabo a través del lenguaje de señas. Un solo gesto les bastaba a los niños para saber cuándo sentarse, levantarse, hablar o callarse.

A este nivel de vigilancia se suma un seguimiento exhaustivo de los alumnos, inédito hasta la época. Así es como los maestros desarrollan métodos innovadores como, por ejemplo, la configuración de fichas personales de cada alumno.

comienzo-citas La Guía propone diversos medios para llegar a ese conocimiento [el conocimiento profundo del alumno]: la recogida de informes en el momento de la inscripción en la escuela, los encuentros del maestro con los padres cada vez que sea necesario, la presencia prolongada del maestro entre los alumnos, los elementos necesarios para elaborar los resultados de esa observación (cinco registros que ofrecían una especie de radiografía del comportamiento de cada uno), la redacción de una síntesis con la apreciación del maestro en los registros de cualidades y defectos de los alumnos…(Lauraire, 2004, p.8).

El maestro adquiere instrumentos técnicos, efectivos y precisos para custodiar, guiar y corregir mediante el castigo prudente a sus escolares. Pero también, es un eslabón más en una cadena de vigilancia. Es decir, en la práctica, el inspector controla al director, el director al maestro y este a los alumnos.

Estos métodos, tan detallados y organizados, generan con el tiempo saberes que coadyuvan a determinar cierta concepción de la infancia, ya que en ellos se describen cualidades específicas de cada alumno, nominación detallada de cada buen o mal comportamiento. La disciplina escolar como método, entonces, colabora en la transmisión de saberes para comprender la niñez en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

La vigilancia obsesiva del niño abre la posibilidad de desarrollar una observación científica de la infancia. La Salle postula que:

comienzo-citas Los niños son como una masa de carne, y que en ellos el espíritu no se desprende de la materia sino con el tiempo…no se hallan todavía en estado de comprender fácilmente por sí mismos las verdades y máximas cristianas; de suerte que menester buenos guías y ángeles visibles que se las enseñen (s.f.).

Estos ángeles deben exponer estas verdades de modo sensible y acorde a la talla del espíritu de los niños, para salvarlos de la ignorancia y hacerlos capaz de comprender las cosas divinas. La Salle subraya que no solo es importante hacerles asequible a los niños el sentido de estas máximas, sino también, y lo más importante, que estas sean llevadas a la práctica.

Se percibe con claridad en las Meditaciones sobre el misterio de la enseñanza el hecho de que es indispensable bajar estas verdades (conocimiento), pero no cómo lograrlo o llevarlo a cabo. De todos modos, parece ser que La Salle intuye lo difícil de esa tarea, entonces, establece características que delimitan el nuevo rol del maestro.

comienzo-citas Manifestad, pues, en toda vuestra conducta que os consideráis como ministros de Dios respecto de los niños que os están confiados, desempeñando vuestras funciones con caridad y celo sincero y verdadero; soportando con mucha paciencia las molestias que os ocasionen… (s.f.).

Esta lógica un tanto misteriosa que plantea la obra Meditaciones sobre el misterio de la enseñanza (nada improvisado su título), en cuanto no es fácil encontrar las formas de cómo hacer lo que se debe hacer, se matiza cuando La Salle recuerda a los maestros que la mejor manera de transmitir los valores morales (sencillez, humildad, mansedumbre) y las disciplinas profanas (aritmética, escritura) es a través de la imitación. “Conducíos en consonancia con estas máximas, sed imitadores míos y poned los ojos en aquellos que proceden conforme al dechado nuestro que tenéis” (La Salle, s.f.).

Es sabido que la Iglesia se ha nutrido del (y ha nutrido al) arte escolar para desarrollar la fe cristiana en los niños, pero también lo ha hecho con otras artes como la música, en efecto, desde mucho antes que se publicara la obra de La Salle.

Por ejemplo, ya en el Renacimiento (trescientos años antes de que se publicara la obra reseñada) la música ocupaba un lugar destacadísimo en la enseñanza de los evangelios. A tal punto, que existen registros de miles de partituras (canto gregoriano, por ejemplo) en las que distintas melodías elevaban los salmos y demás partes de la misa para ayudar a inscribir la fe en los cristianos.

Así fue como se desarrolló una técnica y una teoría del canto, de la melodía y la armonía. En la música del Renacimiento, se asociaba un intervalo melódico (quinta bemol) al mismo diablo (diabolus in música). Entonces, los grandes compositores de la Iglesia, como Bach, fueron desarrollando o poniendo en uso nuevas escalas (armónica, melódica) para evitar ese intervalo diabólico, pasando de la forma modal a la nueva tonalidad, generando, curiosamente, una de las más grandes revoluciones en el mundo de la música, que posibilitó el paso de la música renacentista a la música barroca.

Lo que quiero señalar, aceptado el paralelismo anterior con la música del Renacimiento, es que puede ser interesante preguntarse si los aportes a la educación manifiestos en las obras de La Salle, y rescatados posteriormente por teóricos de la educación, fueron resultado de un trabajo pedagógico intencional o una consecuencia de su obsesión por el orden; un efecto colateral de la vigilancia con ardiente celo, de la regulación del castigo, del control panóptico de los maestros y alumnos…con el principal objetivo de lograr que la escuela cristiana, a través del adoctrinamiento, colaborara en la creación de sujetos de fe ciega para ampliar y fortalecer la Iglesia y el reino del señor. Reino que debía sumar tanto a los hijos de los ricos como a los hijos de los pobres.

Finalmente, cabe preguntarse también si estos esquemas rígidos, propios del cristianismo, estos aportes que también dejó La Salle como, por ejemplo, el castigo y la vigilancia, no se siguen sosteniendo en muchas de las escuelas cristianas. Y si es así, de qué manera se siguen sosteniendo y para qué. punto final_it8x12


bibliografia Referencias bibliográficas

La Salle, J. B. (s.f.). Meditaciones sobre el Misterio de la Enseñanza.

Lauraire, L. (editor) (2004). La guía de las escuelas cristianas. Roma: Cuadernos Mel.

¿Cómo citar este artículo?

Mannino, J. (2018). Reseña crítica de la obra Meditaciones sobre el misterio de la enseñanza de Juan Bautista de La Salle. Sociales y Virtuales, 5(5). Recuperado de http://socialesyvirtuales.web.unq.edu.ar/resena-critica-de-la-obra-meditaciones-sobre-el-misterio-de-la-ensenanza


Ilustración de esta página: extraída de https://www.slideshare.net/ escuelasalud/meditaciones-para-los-das-de-retiro

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