Juventudes, valores y creencias en la ficción televisiva: el caso de “El Otro” (no todo es lo que ves)

 por Yessica Maia González  Yessica González

Resumen

En 2015 la miniserie de ficción El Otro (no todo es lo que ves) fue exhibida por la pantalla de la TV Pública en un contexto social, político y comunicacional que promovía la pluralidad de voces e inclusión de diversos sectores sociales.

La visibilidad, en materia de comunicación, que comenzaron a tener ciertos grupos relegados históricamente fue posible a partir de la sanción y promulgación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y las posteriores políticas públicas que se desprendieron de ella.

Este artículo aborda un estudio de caso donde converge la relación entre juventudes y una creencia no tradicional, el cristianismo evangélico, desde la ficción televisiva.

Palabras clave: ficción televisiva, juventudes, creencias.

Introducción

A partir de la sanción y promulgación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) N° 26.5221 en 2009, la Argentina comenzó un camino sin precedentes hacia la pluralidad de voces e inclusión de diversos sectores sociales en materia de producción de contenidos.

Desde entonces, los resultados de la implementación de la LSCA en nuestro país permiten dar cuenta de:

  1. la diversidad geográfica entendida como federalización que permite que todas las provincias del país ejerzan su derecho a expresarse a través de sus producciones.
  2.  la diversidad generacional entendida como la definición de contenidos audiovisuales específicos para cada público etario: niños, jóvenes, adultos y adultos mayores.
  3. la diversidad de temáticas entendida como la variedad de narrativas que toman materialidad en series, documentales, micros, informativos y otros.

Todos estos avances fueron posibles gracias al acompañamiento de múltiples políticas públicas que tuvieron como objetivo luchar por la igualdad comunicacional de todos los habitantes de la Argentina. Ejemplo de ello es la miniserie de ficción El otro (no todo es lo que ves), exhibida por TV Pública durante 2015.

A modo de contexto

El otro (no todo es lo que ves) es una miniserie de ficción que fue emitida por TV Pública desde el 19 de mayo al 10 de junio de 2015. Fue dirigida por Daniel De Felippo y protagonizada por los actores Guillermo Pfening, Alejandro Awada, Laura Azcurra, Gastón Soffriti, Lucas Ferraro, Agustina Córdova, Graciela Pal y Víctor Laplace. Forma parte del Plan de Fomento y es una producción original BACUA (Banco Audiovisual de Contenidos Universales Argentino). Cabe aclarar que el BACUA brinda la posibilidad de que “productores independientes de todas las provincias, organismos gubernamentales y no gubernamentales, universidades, agrupaciones sociales, culturales (…)  que cuenten con producciones propias puedan ceder sus contenidos de manera gratuita para ser distribuidos a los canales de televisión de todo el país”2. Asimismo, el BACUA se encuentra en consonancia con el proyecto Sistema Argentino de TV Digital Terrestre cuyo fin es la creación y preservación de contenidos digitales abiertos de acceso libre y distribución gratuita.

El otro (no todo es lo que ves) se constituye como uno de los ejemplos de ficción televisiva originados a partir del fomento de la LSCA. Siguiendo con esta idea, la miniserie puede ser vista a través de la web de Contenidos Digitales Abiertos (http://www.cda.gob.ar)3. Se trata de una plataforma online que aloja producciones audiovisuales digitales de origen nacional y cuyo objetivo es “la federalización de la producción, la integración de todos los actores del hacer audiovisual y un intercambio cultural dinámico, donde el usuario, desde cualquier parte del país, pueda conocer tanto la idiosincrasia local y de otras regiones”.

Esta miniserie policial, compuesta por 8 capítulos de 46 minutos de duración, narra la historia de Marcos (Pfening), un joven que se ve involucrado en un robo en un banco perpetrado por una banda en la que su hermano menor “Yoni” (Soffriti) es parte. Para defender a su hermano, Marcos es abatido por la policía y muere a consecuencia de los disparos. Sin embargo, es revivido en la morgue judicial por un extraño hombre llamado Nazareno (Ferraro). Desde ese momento, Marcos encuentra una segunda oportunidad para rehacer su vida, abandonar su filosofía individualista y focalizarse en ayudar a los demás.

El otro… incorpora un trasfondo espiritual en cada parte de su producción. Para empezar, estuvo a cargo de la productora Professio Divinitus (http://www.professiodivinitus.com.ar), de Luis Quinelli, un empresario que produce televisión y diversos contenidos evangélicos en el marco del Programa Enamorar (http://www.enamorar.gob.ar), “la primera política pública orientada en los valores del amor, la paz, la solidaridad y la responsabilidad civil, dependiente del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios  y el Ministerio de Cultura durante la gestión de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

El Programa Enamorar fue blanco de críticas por parte de los medios de comunicación hegemónicos al igual que todos los eventos organizados bajo su órbita; e incluso las producciones audiovisuales fueron menospreciadas y consideradas pantallas para encubrir actos de corrupción, en los cuales también involucran a la Universidad Nacional de San Martín4, una de las instituciones educativas públicas más activas en cuanto a la realización de contenidos audiovisuales.

Asimismo, la miniserie hace mención en sus créditos a “Argentina, oramos por vos”, un movimiento cristiano originado en plena crisis del 2001 y encabezado por pastores reconocidos como Osvaldo Carníval (Iglesia Catedral de la Fe), Pedro Ibarra (Iglesia del Puente), Daniel Trovato (Iglesia Ríos de Vida) y Carlos Mraida (Iglesia del Centro), entre otros.

Al margen de la historia de fe y esperanza que se narra en El otro… los personajes también dan cuenta de la veta espiritual. Por ejemplo, sus protagonistas llevan nombres relacionados con el cristianismo: Marcos (el evangelista), Nazareno (en alusión a Jesús de Nazaret), “Yoni” (Jonatán, hijo del rey Saúl) y Jesica (en hebreo, hija o en gracia de Dios).

Otro punto interesante para destacar es que la música de la cortina de la miniserie también se relaciona con el cristianismo. La autoría de El veneno está a cargo de la primera banda argentina masiva de rock cristiano, “Rescate”. Esta banda es una de las favoritas entre los jóvenes cristianos: posee 346.638 seguidores
en Facebook (http://ww.facebook.com/rescaterockoficial), y 61.738, en Twitter (https://twitter.com/rescaterock?lang=es). Además, suelen realizar múltiples presentaciones en eventos cristianos juveniles tales como Vitae Fest o Jesús Fest que dan cuenta de su popularidad. Como sostiene Vila (1996), es posible “comprender las identidades” (p.11) de los diferentes actores sociales a partir de la música. Según el autor, tanto la música como la identidad son dos nociones que están vinculadas, que interpelan y que se construyen mutuamente. Que la miniserie incorpore una canción perteneciente a un grupo cristiano implica una continuidad y armonía con todo el producto audiovisual que se está exhibiendo y, a su vez, constituye una “identidad social que se basa en una continua lucha discursiva acerca del sentido que define a las relaciones sociales y posiciones en una sociedad y tiempos determinados” (Vila, 1996, p.11).

Ahora bien, ¿por qué se alude en este ensayo a una miniserie que se focaliza en “valores y creencias” (Chaves, 2009, p.5) cristianos? El motivo principal tiene que ver con la correlación que la mencionada Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual expresa en su espíritu. Como se dijo con anterioridad, es una Ley inclusiva para todos los sectores de la sociedad y, por lo tanto, no existe impedimento alguno para que grupos pertenecientes a la fe cristiana (o que, por lo menos, comparten sus valores) puedan expresarse a través del mundo audiovisual. En otras palabras, El otro… representa un ejemplo de la tan anhelada pluralidad de voces.

El segundo motivo de la elección de esta miniserie tiene que ver con el papel que los personajes cumplen, especialmente, nuestro grupo de interés, los jóvenes. En este sentido, interesa analizar qué tipo de concepciones sobre juventud se dejan ver a través de esta ficción policial.

A modo de análisis: representaciones sobre los jóvenes en la miniserie

Antes de hablar de las representaciones sobre los jóvenes en El otro… es necesario reflexionar acerca de la “condición juvenil que, según sostuvo Néstor García Canclini en una entrevista (Chejfec, s/f), ha sufrido modificaciones en comparación a otras décadas. La diferencia substancial que el análisis sobre las juventudes encuentra en esta década gira en torno a que existe una “mayor desconfianza hacia las distinciones generacionales, expresa el autor. Esto tiene que ver con que hoy, los criterios generaciones son tomados muy flexiblemente (…) sería imposible encontrar diferencias entre lo que habitualmente se llama jóvenes, una edad que oscilaría entre los 18 y los 30 años, y otras edades” (Chejfec, s/f). Al respecto, Guillermo Pfening, quien hace el papel de Marcos, es representado en la miniserie como un cartero de 35 años. Algunos podrían sostener que Marcos no es un joven debido a su edad, pero dentro de la ficción se refieren a él como “un joven de 35 años”. Por otra parte, Marcos vive con su madre y su hermano; al no haberse emancipado del núcleo familiar ni conseguido un trabajo formal ni constituido su propia familia, podría considerarse un joven.

Aquí es donde entran en tensión las categorías de moratoria social y moratoria vital (Margulis y Urresti, 2008). Desde la moratoria vital (aspecto biológico) Marcos estaría más cerca de ser un adulto que un joven; desde la moratoria social (aspectos culturales, sociales, históricos) el personaje aún no ha podido abandonar sus prácticas juveniles. En este ensayo consideraremos a Marcos como joven basándonos solo en la categoría de moratoria social5.

Como ya se ha mencionado, Marcos tiene un hermano menor, “Yoni”, que es un joven desde la perspectiva de la moratoria social y vital. Este personaje también vive con su madre, no asiste a la escuela ni trabaja. En la miniserie “Yoni” jugaba al futbol (idea de tiempo de ocio propia de la juventud) pero, luego, comenzó a realizar prácticas delictivas con su amigo “Garrote”. Este último también es un joven de la edad de “Yoni”, sin embargo, desde la moratoria social, “Garrote”    —al igual que su novia—  tiene que hacerse cargo de prácticas del mundo adulto: es padre de dos hijos6.

Otros dos personajes que precisan ser analizados de acuerdo a la moratoria social y moratoria vital son Jesica (Azcurra) y Natalia (Córdova). Ambas rondan los 30 o 35 años de edad, pero podría decirse que socialmente Jesica es una adulta debido a que es madre de un niño, se casó y vivió con su marido un tiempo, y ahora regresa a la casa de sus padres tras ser víctima de la violencia doméstica. En el caso de Natalia la miniserie muestra que está transitando el paso de la juventud a la adultez. Este paso estaría marcado por el abandono de su núcleo familiar original y la constitución de su nuevo hogar a través del matrimonio. Sin embargo, la anorexia se manifiesta en ella provocando desestabilidad física, emocional y también, identitaria7.

En cuanto a las clases sociales de los personajes, Jesica y Natalia pertenecen a la clase media, mientras que Marcos, “Yoni” y “Garrote”, a la popular. Es posible determinar que los recursos económicos de los hermanos son un poco mayores a los de “Garrote”. Los primeros poseen una vivienda de material en un barrio urbanizado, y el segundo, una humilde estructura improvisada en la villa. Es necesario destacar la pertenencia a la clase social de los personajes porque permite pensar sobre el contexto en el que viven los jóvenes de esta miniserie, sus prácticas y cómo dan sentido al mundo que habitan.

Siguiendo con esta idea, es posible reconocer “consumos culturales como formas de socialización juvenil” (Pleniscar, 2008). La miniserie gira en torno al problema de la ambición, específicamente, al dinero como fuente de conflictos que somete tanto a los jóvenes como a los adultos. En el caso de los jóvenes de El otro… el dinero que robarían del banco serviría para solventar tanto las necesidades básicas de sus familias como las más “consumistas” en términos de Bauman (2007). Estos objetos de “deseo” son, por ejemplo, los que “Garrote” compra con lo recaudado en el botín: la PlayStation, tablets, smartphones, etc.

Como sostiene Murolo (2012), “resulta casi imposible pensar las tecnologías de la comunicación sin ligarlas a los jóvenes”. En este sentido, el mercado dirige sus estrategias para captar la atención de los jóvenes, concebidos a partir de su capacidad de consumo. En consonancia, el hecho de adquirir ciertos objetos tecnológicos proporcionaría a los jóvenes como “Garrote” la posibilidad de “pertinencia” (Murolo, 2010) y, por ende, de aceptación social.

Ahora bien, estos gadgets tecnológicos no son los únicos objetos que consumen los jóvenes de la miniserie. También se puede identificar la vestimenta que marca un estilo propio entre “Yoni”, “Garrote” y otros amigos del barrio. Generalmente, se encuentran vestidos con ropa deportiva, gorritas con visera y las “altas llantas”. En una escena, “Yoni” le pide una corbata a su hermano Marcos y este le responde: “Mirá que para usarla necesitas un traje también, eh”.

Otros de los consumos que los jóvenes exhiben de manera directa e indirecta en la miniserie tiene que ver con los vicios como el alcohol, los cigarrillos y las drogas. Asimismo, se evidencia el uso de un lenguaje propio típico entre los jóvenes de sectores populares tales como: “quedate piola ahí”, “alto vestuario”, “alta burra”, “guachín”, “yuta”, “una fresca”.

En cuanto a los espacios de socialización en los que se mueven los jóvenes se destaca principalmente el club del barrio, el potrero y el boliche. Dentro de estos espacios, los jóvenes constituyen lazos sociales entre sus pares. A propósito, “Garrote” le dice a Marcos en referencia a la detención de “Yoni”: “Si uno cae, el otro lo levanta. Esto es todo lo que tenemos”. Sin embargo, la relación con la generación adulta también se deja ver en la miniserie.

Los adultos establecen dos tipos de relaciones con los jóvenes. La primera tiene que ver con el cuidado, la contención, el amor y está dada sobre todo por los vínculos entre padres e hijos (si bien se muestran en la miniserie excepciones donde los padres incluso han abandonado o matado a sus hijos). La segunda, se caracteriza por la manipulación, el odio y la violencia. Este último caso lo representa la relación entre el jefe de la banda que roba el banco y que utiliza a los jóvenes para su cometido. Otro ejemplo lo comprenden el comisario y un ex policía (Laplace) que practican actos de corrupción, extorsionan y hostigan a los jóvenes durante toda la serie. Algunas de las expresiones que estos adultos dicen sobre los jóvenes son: “Se robaron el cuerpo de la morgue para llevarlo a la villa. Después tiran tiros. Son negros”; “Los delincuentes tienen los derechos humanos, hacen lo que quieren, estamos atados”; “Villeros, son todos los mismo (…) nos tenemos que cuidar entre nosotros”; “Vagos”; “Lacras”; “Los usan para conseguir votos”. Como vemos, existe una fórmula constante en el modo en que los adultos de la serie identifican a los jóvenes: villeros = negros = delincuentes. En la historia que se narra en El otro… la violencia verbal contra los jóvenes excede los límites e, incluso, llega a la violencia física y la muerte.

Los consumos, las prácticas, los estilos como la moda, el lenguaje, los espacios de socialización y las relaciones entre pares y los otros (los adultos) definen la identidad de los jóvenes. Estos aspectos se evidencian con claridad en la miniserie El otro (no todo es lo que ves) y permiten reflexionar acerca de cómo la cuestión de la juventud es representada a través de las producciones audiovisuales.

A modo de cierre

Como conclusión de este ensayo, lo más destacable sería indicar que los esfuerzos de las políticas públicas orientadas a la democratización del espacio audiovisual provocaron que aquel puente que Alejandra Cebrelli (2014) mencionaba en su trabajo se extendiera hacia el lado “del subalterno que recurre a la potencia creativa de su memoria y de su identidad para autorizar su voz, su mirada, sus prácticas y sus propios modos de representación” (p.2).

En El otro… encontramos un conjunto de complejidades: una trama policial atrapante, un guion con personajes que viven problemas reales, una veta espiritual de esperanza y fe sin caer en religiosidades, y una oportunidad de expresión democrática, plural e inclusiva para sectores relegados hasta entonces; una oportunidad y un derecho que permite cuestionar los tradicionales “modos concentrados del poder” (Alfonso y Murolo, 2012)punto final_it8x12


pastilla_der Notas

[1La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual N° 26.522/200 se encuentra disponible en el sitio web: http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/155000-159999/158649/norma.htm

[2] Para más información consultar: www.tda.gob.ar/tda/141/16150/bacua.html

[3] El sitio web de Contenidos Digitales Abiertos dejó de funcionar luego de la elaboración de este texto (agosto-septiembre de 2016).

[4] Los medios de comunicación hegemónicos lanzaron sus críticas a través de notas como la siguiente: www.lanacion.com.ar/1922804-el-ministerio-de-planificacion-gasto-1128-millones-para-financiar-obras-de-television

[5] En una clase académica, Urresti utilizaba la denominación de “no joven juvenilizado” para sujetos como Marcos, que son o están cerca de ser adultos, pero mantienen prácticas juveniles.

[6] En este caso, “Garrote” y su novia serían denominados “jóvenes no juvenilizados” siguiendo a Urresti.

[7] Para más información recomiendo el trabajo de Sidun, A. (2013). Jóvenes y blogs. Construcciones de sentido en torno a la delgadez. Tesis de posgrado. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. En Memoria Académica. Disponible en: www.memoria.fahce.ulp.edu.ar/tesis/te.1020/te.1020.pdf

 

bibliografia Referencias bibliográficas

Alfonso, A. y Murolo, N. (2012). Imágenes futuras del pasado. De las nervaduras electrónicas de los jóvenes a la reinterpretación de las visiones clásicas. Entrevista a Carlos Vallina. En Revista Razón y Palabra, México.

Bauman, Z. (2007). Vida de consumo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Cebrelli, A. (2014). Representaciones de jóvenes mujeres wichis en medios y en la industria cultural. Otredad(es) y trayectos (des)encontrados. En Bergesio, Burgos, González Pérez. Mapas comunicaciones y territorios de la experiencia. XV Congreso REDCOM.

Chaves, M. (2009). Investigaciones sobre juventudes en la Argentina: estado del arte en ciencias sociales 1983-2006.

Chejfec, S. (s/f). La juventud extraviada. Entrevista a Néstor García Canclini.

Murolo, N. (2010). Celu, play y altas llantas. Jóvenes, consumos y diferencias sociales en Memorias de las XIV Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación. Universidad Nacional de Quilmes.

Murolo, N. (2012). Jóvenes del conurbano bonaerense sur, tecnologías y usos del ciber. En Razón y Palabra, México.

Plesnicar, L. Reseña: Morduchowicz, R. (coord.) (2008). Los jóvenes y las pantallas; Nuevas formas de sociabilidad, Gedisa, Barcelona.

Vila, P. (1996). Identidades narrativas y música. Una primera propuesta para entender sus relaciones. Revista transcultural de música.

¿Cómo citar este artículo?

González, Y. (2017). Juventudes, valores y creencias en la ficción televisiva: el caso de “El Otro”. Sociales y Virtuales, 4(4). Recuperado de <http://socialesyvirtuales.web.unq.edu.ar/juventudes-valores-y-creencias-en-la-ficcion-televisiva/>


Ilustración de esta página: extraída de http://www.tvpublica.com.ar/programa/el-otro/

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