Palabras de Rosalía Iturbe en el acto de colación

por Rosalía Iturbe 1 test_iturbe

Buenas tardes a todos: autoridades de la Universidad de Quilmes, compañeros que hoy egresan, profesores e invitados.

Ante todo, muchas gracias a la Universidad por darme el espacio para decir hoy estas palabras, pero gracias, sobre todo, por haber generado, hace más de quince años, este otro espacio: el de la Universidad Virtual, del que hoy egreso como licenciada en Humanidades y Ciencias Sociales, con orientación en Historia.

Llegué hasta acá de manera un poco azarosa, como pasa con muchas de las cosas más importantes de nuestra vida. Yo me había formado en periodismo y ya estaba trabajando en la prensa gráfica (en cultura y en política internacional) cuando en el curso de una entrevista, de manera inesperada, mi entrevistado mencionó la Universidad Virtual: habló de su excelencia educativa y de su sistema no presencial, pensado desde el máximo nivel “para que estudiar y terminar una carrera fuera posible”. En ese momento yo estaba embarazada de mi primer hijo y lo cierto es que, más allá de mi pronta iniciación en el trabajo periodístico, todavía sentía como pendiente una formación de mayor calidad. Necesitaba saber más, entender más de ciertas cosas… como historia o economía. También pensaba que un día mis hijos iban a crecer, me iban a hacer preguntas y yo quería poder contestarles la mayor cantidad posible. El problema era que, luego del nacimiento del bebé y con buena parte de mi familia en Córdoba, volver a estudiar de manera presencial no parecía ser algo factible para mí. Eso fue así hasta la mención de mi entrevistado: a partir de ese momento la UVQ se convirtió en la posibilidad de completar mi formación de manera seria y rigurosa. En cuanto pude, me inscribí.

Lo que siguió fue el encuentro con mucha gente inspirada, con ganas de hacer, entre profesores y compañeros. Con ganas de hacerlo con toda honestidad, ¿de qué otra manera si no? En mi caso tenía en claro que de eso dependía lo que yo obtuviera de mi paso por UVQ. Así, entre aquellos profesores dedicados, generosos y honestos recuerdo con especial afecto a Karina Vázquez y a Roy Hora. Entre los compañeros, a amigos en situaciones y latitudes muy distintas como Ceci Manzini o Victoria Abramovich. Con Ceci Manzini, una estudiante impecable, de Mar del Plata, preparamos —sin conocernos personalmente— Historia Social General a través del chat del Campus. El día del final, ella llegó a Retiro, pasó por casa, nos dimos un abrazo y fuimos juntas a rendir. ¡Nos fue muy bien! A Julia Augé, mi tutora, le agradezco infinitamente su paciencia.

Tengo muy presente, también, las materias que representaron el mayor desafío y, también, orgullo, una vez aprobadas: “Economía”; “Consecuencias sociopolíticas…”; “Estado, Sociedad y Economía…”. Nunca voy a olvidar todo lo que aprendí, especialmente, en compañía de Marina y Gonzalo.

Cuando me ofrecieron decir unas palabras, pensé que era difícil, porque iba a hablarles a hombres y mujeres iguales a mí. Todos los que están hoy acá pasaron por lo mismo que yo. Por eso, de ninguna manera podría darles ningún consejo. Lo que pensé que tal vez sí podía compartir con ustedes es una lección extra, aprendida en estos años en la UVQ.

Lo que aprendí es que hacer una carrera universitaria se parece mucho a correr esas otras carreras, las que se corren con las piernas. Si alguno de ustedes corre, estará de acuerdo en que en el momento de la largada estamos eufóricos y llenos de energía. Así arrancamos. Pero después de algunos kilómetros —al margen de cómo nos esté yendo o cuál sea nuestro promedio— notamos que las cosas no son tan livianas, empezamos a sentir el esfuerzo. Cuando más cerca estamos del final, aparece como flashes la fantasía de parar, dejar ahí, no dar un paso más y  dejar de sufrir. Pero no lo hacemos. En esos momentos, lo que nos mantiene corriendo es la decisión primera, lo que es una decisión tomada: “lo voy a hacer, hasta el final”. En este caso, el de una carrera universitaria, la decisión sería: “hasta el último final”.

Sería bueno que podamos transmitir esto a quienes estén por empezar una carrera de grado o posgrado o, simplemente, que podamos seguir pensándolo en relación con los nuevos proyectos que a partir de ahora emprendamos, que —sabemos— seguro van a traer muchas cosas buenas y, sin embargo, también van a implicar un montón de esfuerzo. Que podamos animarnos a correr las carreras que queramos, y a llegar hasta el final.

Otra cosa, chiquita, que descubrí en estos años: cuando uno se entrega a un plan deseado, como nos entregamos cuando, por ejemplo, nos dedicamos a la preparación de un final, lo que aparece no es solamente esfuerzo y privación (que claro que existen). Cuando nos entregamos al plan decidido, aparece también la tranquilidad, la serenidad de estar haciendo en el momento presente sin necesidad de cuestionarlo, porque sabemos que estamos haciendo lo correcto. Eso da mucho bienestar. Entre todo lo que me enseñó esta Licenciatura en Ciencias Sociales y Humanidades, eso también es parte de lo que aprendí.

Termino con un último agradecimiento para la UVQ: muchas gracias por haberme demostrado que todavía existen lugares donde se reconoce el esfuerzo.

Y por supuesto, muchas pero muchas gracias a mi familia —a Martín, mi compañero desde hace una vida, y a mis hijos Manuel, Elisa e Inés— que me ayudaron a llegar hasta el final. Creo que ellos también comprobaron que el esfuerzo vale la pena. ¿El reconocimiento en casa? “Mamá, sos crack” 

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Muchas gracias. punto final_it8x12


pastilla_der Notas

[1] Palabras que brindó Rosalía Iturbe, licenciada en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Nacional de Quilmes modalidad a distancia, en el acto de colación celebrado el viernes 29 de mayo de 2015. 

 

 

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