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Historia reciente: el abordaje del posperonismo

Por Mario César Ponte ponte

Introducción

La historia reciente conoce antecedentes a lo largo del siglo XX. Uno de los primeros en hablar de ella fue Maurice Halbwachs en 1925, pero aún hacia 1939 la idea de pasado reciente era rechazada por considerarlas interpretaciones dominadas por las pasiones partidarias y nacionalistas. En los años 30 los Annales estuvieron atentos al presente; sin embargo, en el período 1950-1970 se aprecia una notable indiferencia hacia lo contemporáneo. Es, entonces, a partir de la segunda mitad de los años 70 que la historia del pasado reciente cobra importancia y va creciendo en Occidente (fundamentalmente, en Europa).

El abordaje de la historia reciente es tardío, luego de su análisis por el periodismo y otras ciencias sociales (la sociología y las ciencias políticas, principalmente), es recién en el último tercio del siglo XX cuando se comienza a profesionalizar su estudio y comienzan a formarse en Occidente instituciones que abordan el tiempo presente, de las cuales, sin dudas, una de las más importantes es el Instituto de Historia del Tiempo Presente (IHTP) fundado en 1978 en París (Francia) con el doble objetivo de: incitar a la investigación histórica francesa a enfrentarse a lo muy contemporáneo, y afirmar la legitimidad científica de este fragmento o rama del pasado, cuyo reto fue hacer historia y no periodismo.

La historia del tiempo presente comenzó a desarrollarse por diversas causas: en gran parte, a mediados de los años 70 por la crisis económica —luego de los 30 Gloriosos Años de la segunda posguerra— y el quiebre de la teoría del progreso indefinido y de los grandes paradigmas; luego, por el derrumbe de la Unión Soviética y la crisis en los países del Este y por las pérdidas de expectativas y porvenir.1

En el plano de las ciencias sociales la crisis del positivismo, el postmodernismo, la emergencia del post-estructuralismo, el giro lingüístico y el giro subjetivo (Sarlo, 2005) dieron gran importancia a la historia del tiempo reciente y se recuperó el “acontecimiento” como hecho político importante (al menos desde la caída del muro de Berlín, 1989). A partir de allí, la historia cultural, la redefinición de la historia política, la microhistoria, y la historia desde abajo han puesto el acento en los sujetos y sus prácticas, experiencias y representaciones del mundo.

Por otra parte, existen tres objeciones centrales a la historia reciente: la distancia respecto al objeto de estudio, la carencia de fuentes para su estudio y el carácter inacabado del objeto de estudio. Respecto de la primera, esta noción de “distanciamiento” es una de las impugnaciones centrales ya que este sería la garantía de la objetividad. Ahora, si bien es real que el historiador debe evitar los prejuicios y pasiones ¿cómo escapar a la subjetividad?, aunque de la misma manera se podría responder que tal subjetividad es la misma para los períodos distanciados que para el presente.

En cuanto a la “carencia de fuentes”, aunque si bien es real la falta de apertura de los fondos recientes de los archivos públicos, existe toda una masa documental proveniente de otros medios que podrá ser de gran utilidad para el abordaje de la historia reciente (archivos privados, recuerdos, testimonios, entrevistas, historia oral, medios de comunicación, prensa, múltiples publicaciones de documentos oficiales o semioficiales, “literatura gris”, trabajos de periodistas de investigación, etcétera).

La tercera y última objeción plantea el carácter inacabado del objeto de estudio. Ahora bien, también se objeta que el historiador al analizar el tiempo presente no conoce el resultado concreto ni el final del proceso que analiza, cabe aclarar que toda construcción histórica, por documentada y trabajada que se encuentre, no es sino una construcción provisional.

Por otra parte, existen tres elementos centrales en el estudio de la historia del tiempo reciente: la memoria, el testimonio y la demanda social; y la relación de ellos tres con la historia, son elementos constitutivos de su abordaje.

La memoria es una amplia gama de discursos y experiencias que puede responder a la retención de ideas o ser producto de una construcción simbólica y atañe a dos dimensiones: una privada, individual y subjetiva; y otra pública, colectiva e intersubjetiva. Por otra parte, entraña dos órdenes diversos: una dimensión epistémica (discursos, recuerdos y representaciones) y otra que alude a la capacidad y al deber ético (las individualidades y las historias sustraídas).

Sobre el testimonio2, como señala Annette Wieviorka (1998) (Franco y Levin, 2007), a partir de la segunda mitad del siglo XX se inaugura la “era del testigo”, en la que asistimos a una impresionante explosión testimonial cuyo valor epistémico y ético es ineludible para la reconstrucción de procesos pasados y para la instalación de principios de reparación y justicia para la construcción democrática. En este caso, la dificultad o el problema principal estriban en el uso que el historiador hace del testimonio.

Finalmente, la demanda social que existe en el espacio público respecto a los temas del pasado cercano muchas veces lleva al historiador al involucramiento político y/o jurídico que, además, está atravesado por las luchas presentes de la memoria. El papel del historiador en el espacio público hace que conlleve un rol cívico y, a la vez, un rol político.

La historia reciente en la Argentina

En la Argentina existe un “desacople” respecto de la emergencia y consolidación de la historia reciente en la historiografía occidental. Mientras esta se consolidaba en Europa, en la segunda mitad de los años 70, en la Argentina eran los años de la dictadura militar, en los que hubo un retorno de los temas y las perspectivas tradicionales.

Con el final de la dictadura militar y la restauración democrática se produjeron importantes cambios en la vida política y cultural argentina; pero, en un principio, las cuestiones de la memoria fueron ajenas a la historiografía. De hecho, fueron la sociología y las ciencias políticas las que se ocuparon primero de estas cuestiones, mientras que la historiografía volvía a los senderos de los años 60: el estudio de la historia económica y social. Aunque también se ponían en marcha iniciativas en el terreno de la historia oral.

Solo paulatinamente se produjo un auge de la historia reciente. Ahora bien, la “pasión memorialista” de las últimas décadas y el carácter violento y traumático del pasado explican la relevancia que cobró el pasado reciente en la Argentina. Esta “explosión de la memoria” es un zeitgeist que tiene que ver tanto con ese pasado traumático como con las decepciones respecto del horizonte en el cambio de siglo (crisis del año 2001).

Luego del Juicio a las Juntas Militares (1985), la retracción de las políticas estatales respecto a los Derechos Humanos —leyes de Punto Final y Obediencia Debida e indultos— generó una pérdida de interés que solo comenzó a cambiar a mediados de los 90: 20º Aniversario del golpe de Estado (1996) y auge de la literatura de la memoria (1997); y, sobre todo, a partir del año 2003, con la asunción de Néstor Kirchner y la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y la reapertura de los juicios.

Al igual que en el caso europeo existen disyuntivas en torno a los siguientes interrogantes: ¿Cuándo comienza la historia reciente en la Argentina?, ¿con el Cordobazo?, ¿con el golpe de Estado de 1976?, y hasta dónde pueden llegar los análisis. El campo de abordaje y los temas en su mayoría se centran en el análisis de los años 70: la militancia política, el exilio y la represión son los temas dominantes. Por otra parte, el mismo problema se presenta para delimitar hasta dónde debe llegar el análisis de la historia reciente en la Argentina: ¿la denominada “transición democrática”?, ¿el “Nunca Más” y el Juicio a las Juntas Militares? En última instancia, esta cronología obedece a la problemática específica que tiene que ver con la violencia, el terrorismo de Estado y su “resolución”.

Además de la concentración temática y metodológica arriba señalada, merece un párrafo aparte el problema de las categorías y conceptos, los cuales generan conflictos y enfrentamientos éticos y políticos. Hacemos referencia al empleo de términos acríticos como “guerra civil” para referirse al enfrentamiento entre las organizaciones armadas y las fuerzas paramilitares o militares así como también a la pertinencia de categorías como “Proceso”, “dictadura”, “terrorismo estatal” y la aplicabilidad o no del término “genocidio”.

Por otra parte, el problema de las fuentes es central en la Argentina, fundamentalmente, debido a la dificultad de acceder a las fuentes estatales de la última dictadura (que fueron destruidas o se encuentran ocultas). Por este motivo la figura del “testimoniante” ha ocupado un lugar central en la práctica historiográfica y de ello se desprende otra dificultad: las “simpatías progresistas” de los investigadores que los puede llevar a omitir algunos aspectos en la militancia política de los años 70.

En la actualidad, es creciente el interés social y la participación de historiadores jóvenes en las temáticas de memoria. La historia reciente se encuentra en franco proceso de expansión e institucionalización, tal como lo demuestra la realización de eventos específicos (seminarios, congresos, jornadas), la incorporación de esas temáticas a las áreas de investigación institucional, el otorgamiento de becas y subsidios a los que trabajan sobre ellos y la creación de formaciones de grado y posgrado referidas a la problemática amplia del pasado reciente y la memoria.

El posperonismo: un dilema historiográfico

En el presente artículo reseñaremos el libro El peronismo después del peronismo: resistencia, sindicalismo y política luego del 553 (2009) escrito por Julio César Melón Pirro4. La obra en cuestión —que trata sobre el tramo inicial del posperonismo (1957-1958) — aborda desde el ocaso del gobierno peronista hasta las elecciones de 1958; y está dividido en tres partes. La primera, narra el conflicto final del gobierno de Perón y el golpe de Estado de 1955; así como los tramos iniciales de la autodenominada Revolución Libertadora. En la segunda parte se analizan las diversas actividades de oposición al régimen militar, desde las insurrecciones cívico-militares hasta las manifestaciones de lo que se denominó “Resistencia peronista”. Y, la tercera parte, la más extensa, analiza lo que el autor denomina “El imperio de la política”, cuya primacía para él es indiscutible, y donde se desarrollan las iniciativas que peronistas y antiperonistas llevaron a cabo a partir de las expectativas (y, hasta cierto punto, oportunidades) generadas por las elecciones de 1957-1958. Dentro de esta tercera parte existen varias aristas, en las cuales se analiza: el discurso de Perón, así como sus tácticas y estrategias; un exhaustivo análisis de la prensa opositora y peronista; la emergencia de nuevos partidos nacionalistas y neoperonistas (así como el desempeño de los partidos tradicionales); la carrera electoral y un exhaustivo análisis y comparación de las elecciones Convencionales Constituyentes en todo el país, y el panorama político desde el “recuento globular” de 1957 hasta las elecciones de 1958; en donde el triunfo de Frondizi estuvo vinculado al “Pacto” con el peronismo proscripto.

En su libro, el autor divide el período en dos grandes momentos y prácticas: la resistencia y la política. Melón Pirro realiza un análisis de las acciones de hostigamiento y oposición a la dictadura militar que pasaron a la historia con el nombre de Resistencia Peronista. Por otra parte, ilumina aspectos poco conocidos en cuanto a la conformación de partidos neoperonistas en el período 1957-1958 y su participación y desempeño en las elecciones convencionales constituyentes y en las elecciones presidenciales; así como, a la vez, realiza a través de una importante utilización de datos electorales (expresadas en tablas, gráficos, cuadros) un análisis no solo nacional sino también provincial y hasta local (departamental) del desempeño de los diferentes partidos, realizando análisis comparativos con otras elecciones —del período peronista, y posterior— que le permiten llegar a resultados reveladores y hasta innovadores respecto a lo conocido sobre el período.

Por otra parte, realiza un análisis semántico e histórico de la relación epistolar (cartas, correspondencia, directivas, comunicados) de Perón y sus adalides locales, principalmente con Cooke. En el análisis histórico, el autor lo diferencia de la lingüística5, al sostener que la conducta del individuo está sometida por los acontecimientos de su tiempo. Y, por otra parte, el análisis ideológico (o pertinencias ideológicas de la época) donde se contrapone la línea Mayo/Caseros como visión liberal de la historia del antiperonismo con la que adoptará posteriormente el peronismo: la interpretación revisionista de la historia.

El libro analiza la Resistencia Peronista y en su indagación se aleja de su “recuerdo idealizado” destacando que, más allá de los móviles políticos, no dejaban de ser sobre todo, manifestaciones espontáneas de descontento popular o protesta laboral (Melón Pirro, 2009). Los Comandos6 actuaban autónomamente, desorganizados y, a veces, afrontaban disputas internas con otros grupos y sectores del movimiento. En suma, la resistencia era espontánea y remisa a encuadrarse. Otro dato revelador que arroja la investigación de Melón Pirro es que en la Resistencia (al menos en sus tramos iniciales) tuvieron un importante papel militantes de la disuelta Alianza Libertadora Nacionalista (ALN); hubo acercamientos al Partido Socialista de la Revolución Nacional (PSRN) y en sus acciones fueron convocados e interpelados los grupos nacionalistas.

Además, el libro aporta datos reveladores sobre el movimiento cívico-militar del 9 de junio de 1956, el cual tenía más de “nacionalismo económico” que peronista; en este hecho puntual el autor niega el presunto mensaje de Andrés Framini (último secretario general de la CGT) que sería emitido por radio y que nadie había planeado y, además, desmitifica el apoyo de Perón al levantamiento cívio-militar7 (al que de hecho se oponía) y destaca que, solo tardíamente, sus víctimas serían incorporadas al “panteón de los mártires del peronismo”. Si bien la resistencia estaba dentro de la estrategia8 de Perón, su accionar escapaba a las verdaderas órdenes impartidas por él; Perón seguía los acontecimientos9, no daba las órdenes (el autor llega a esta constatación al contraponer las cartas de Perón a las prácticas de la Resistencia).

En la tercera parte del libro el autor hace un análisis de los partidos neoperonistas: Unión Popular (de Atilio Bramuglia), Partido Populista, Partido del Pueblo, Partido de los Trabajadores (y posterior a las elecciones constituyentes, el Partido Blanco); así como un análisis regional de las expresiones neoperonistas a partir de un editorial de la revista Qué sucedido en 7 días (de comienzos de 1956) que hablaba de “afloraciones de núcleos neoperonistas”. En Entre Ríos la organización recae en manos del ex gobernador justicialista Héctor Maga; en la provincia de Buenos Aires se anuncia la creación del Partido Sindical, de extracción netamente obrera; en San Juan, el Partido Socialdemócrata de José Luís Alvarado, la emergencia del Partido Cívico y los nuevos intentos del Partido Socialista de la Revolución Nacional (PSRN). Además, el autor da cuenta de “entidades fantasmas” (que se presentaron en las elecciones de 1957 en los distritos de Capital y Buenos Aires): Partido del Pueblo, Partido de los Trabajadores (de ideología y programas socialistas, y oblicua filiación peronista; el cual hizo lo propio en Capital y Buenos Aires), denominados así ya que ninguna de ellas fue acompañada por figuras importantes del peronismo histórico.

También realiza un análisis semántico de los términos utilizados en la época ante la apertura electoral: los términos juegolimpista, quedantista y continuista, vale recordarlo fueron utilizados por el periodista Mariano Montemayor, a cargo de la muy lúcida sección siete días de Azul y Blanco.

Por otra parte, Melón Pirro analiza el desempeño en las elecciones —Convencionales Constituyentes de 1957, para reformar la Constitución Nacional de 1949— con la proscripción del peronismo que inauguraron un “juego imposible” ya que (como señala el autor) estamos ante la presencia de un electorado vacante de representación y, a su vez, ante la incapacidad del espectro partidario no peronista para asimilarlo. Un dato revelador es que la nueva legislación10 en materia de asociaciones  partidarias alimentó la emergencia de agrupamientos políticos de base territorial o distrital (al punto que llegó a haber 37 agrupaciones políticas). Además del conocido y paradójico resultado electoral —el triunfo del voto en blanco (con el 24,31%) que graficaba la gravitación del espectro peronista en el escenario político nacional—, Melón Pirro arroja un dato revelador: en estas elecciones se produjo un récord en la participación electoral, ya que concurrieron a votar más del 90 % de los ciudadanos inscriptos en el padrón electoral.

A su vez, el autor hace un análisis de la performance de los partidos en las provincias, plantea una conveniente observación por distritos y departamentos, y realiza un interesante análisis interprovincial en Tucumán, en el que contrapone los escrutinios de la Capital Provincial a los resultados de cuatro distritos azucareros.

En cuanto a las fuentes, Melón Pirro recopila y utiliza para su estudio y la argumentación de sus hipótesis un gran acervo documental compuesto de una gran compulsa bibliográfica proveniente de historiadores (Samuel Amaral y Mariano Plotkin, Omar Acha, Catalina Scoufalos, Liliana Garulli, Juan Carlos Torre, Pablo Gerchunoff y Damián Antunez, Tulio Halperín Donghi, Julio Godio; Félix Luna, Joseph Page, Oscar Anzorena, Daniel James, Ernesto Salas, Noemí Girbal Blacha y Diana Quatrocchi Woisson, Raanan Rein, César Tcach); politólogos (Alain Rouquieu, Marcelo Cavarozzi); periodistas (Mariano Montemayor); así como otros libros entre los que se destacan: El presidente duerme de Daniel Bryon, hijo de Mario Bryon, fusilado en José León Suárez; Operación Masacre, del periodista que inauguró la novela policial y el periodismo de investigación Rodolfo Walsh; Los cuatro peronismos del ensayista Alejandro Horowicz; La vida por Perón: memorias de la resistencia del militante Juan Carlos Vigo; y Petróleo y política del político y expresidente de la Nación Arturo Frondizi.

También se destacan los libros autobiográficos del expresidente Juan Domingo Perón —que versan sobre el acontecimiento bisagra del período— el golpe de Estado y la responsabilidad de las Fuerzas Armadas: “La fuerza es el derecho de las bestias”; “Del poder al exilio. Cómo y quiónes me derrocaron”; y “La realidad de un año de tiranía”. Por otra parte, el autor recoge testimonios: como el de un profesor norteamericano de visita en el país (quién analiza el discurso de Perón del 31 de Agosto de 1955); de manifiestos del Frente emancipador (de fuerte contenido antiimperialista); de los periódicos peronista El líder y socialista La Vanguardia. Entre las entrevistas podemos mencionar como relevantes las de Andrés Framini y Alejandro Olmos, realizadas por el autor; además de las que recaba del libro de Hugo Anzorena sobre la Juventud Peronista, principalmente la de Jorge Rulli.

A su vez, hay material proveniente de diversos medios: archivo personal de Fermín Chavez, documentos del Anuario del IEHS; de la publicación de Roberto Baschetti (Documentos de la Resistencia peronista: 1955-1970); de manifiestos (Partido Peronista Comando Capital); Correspondencia (entre Juan Domingo Perón y John William Cooke; entre Hernán Benítez y Arturo Jauretche) Así como una gran compulsa de documentos estatales: de Presidencia de la Nación, del Ministerio del Interior, de la policía de la provincia de Buenos Aires, Boletín Oficial, Resoluciones Ministeriales y de Servicios de Informaciones del Estado. Y otros materiales provenientes de diarios nacionales (Clarín, La Prensa, La Nación), diarios partidarios peronistas (Palabra Argentina, El líder); Nacionalistas (Azul y Blanco); así como también de revistas de la época (Primera Plana); y de actualidad (Desarrollo Económico, Gente). Melón Pirro cita y analiza material del amplio espectro de la prensa nacionalista del período: Ayer, hoy y mañana (prensa nacionalista de netos perfiles opositores); Azul y Blanco de Marcelo Sánchez Sorondo; Bandera Popular de Cerrutti Costa; y Mayoría de Tulio Jacovella. Utiliza una cita de la revista Dinámica Social, donde se analiza el surgimiento de la prensa en el período, que es de octubre de 1957.

Para las elecciones utiliza cuadros del Ministerio del Interior y del Trabajo de Eduardo Zalduendo Buenos aires. Escrutinio definitivo para la provincia de Buenos Aires; así como también recurre a la utilización de cuadros de Darío Cantón. En cuanto al crecimiento del padrón electoral, los votos y la incorporación de las mujeres al electorado, las cifras son tomadas de: Geografía electoral de la Argentina de febrero de 1958 y Estudio de la Sociología política en la Argentina de Darío Cantón del Instituto Di Tella de 1968.

Por último, hay fuentes de editoriales y testimonios de Dardo Cabo y Juan Carlos Brid, así como también se realiza el análisis semántico de un fragmento de la versión cinematográfica de la novela de Rodolfo Walsh Operación Masacre de Jorge Cedrón: la voz en off de Julio Troxler, sobreviviente de los fusilamientos de José León Suárez que constituye tal vez una de las versiones más acabadas de la resemantización de la Resistencia Peronista, en 1972 —uno de los momentos más álgidos por la disputas de los símbolos dentro del peronismo—. Cabe destacar también el análisis de obras sociológicas y de ensayistas: Gino Germani y Jorge Abelardo Ramos y Juan José Hernández Arregui. Periódicos y semanarios peronistas: Línea Dura, Norte, Palabra Argentina y Rebeldía.

Consideraciones finales

La historiografía argentina solo tardíamente se ocupó del peronismo post-1955. Si bien el período es ineludible para abordar la historia contemporánea, su abordaje frecuentemente ha sido más político que histórico. En los años posteriores al golpe de Estado de 1955 fueron los periodistas quienes se ocuparon de su abordaje; luego, lo hicieron la ciencia política y la sociología; y, finalmente, lo abordaron los historiadores.

¿Cuáles fueron las razones de la omisión de un tema tan importante para comprender la historia política argentina contemporánea? En primera instancia, hay que decir que dichas razones son de orden político, histórico y social. Deben tenerse en cuenta múltiples variables: se debía comenzar a indagar el peronismo fuera del poder (cuando su presencia estaba ineludiblemente vinculada al Estado); la polarización social peronismo/antiperonismo; la inestabilidad política e institucional del país; el fuerte peso que ejerció en los medios académicos la interpretación (sociológica) germaniana sobre la manipulación de las masas; se evadía tratar un tema espinoso que desembocara en la reciente tragedia argentina (la última dictadura); existía un traumático recuerdo en los medios académicos; y, sin lugar a dudas, cualquier historiador que abordase el peronismo quedaba bajo la lupa de la comunidad académica en cuanto a la presunta objetividad y los móviles de su indagación.

Dentro de los temas que aborda Melón Pirro, sin lugar a dudas, hay tres que el autor asume como no explorados y realiza aportes iluminadores al respecto. En primer lugar, el problema de la violencia política que se veía como un tema muy posterior a los años de la proscripción y se filiaba con las organizaciones armadas. Luego, el neoperonismo que no era explorado en los años iniciales sino en los años sesenta. Y, en tercer lugar, el relato de la proscripción que era un relato más político que histórico.

El período 1955-1958, y los años sucesivos que él denominó “El peronismo después del peronismo”, discurrieron entre la política de la resistencia y la resistencia de la política. La primera estaba justificada en tanto la segunda estuviera vedada para el peronismo, sobre todo a partir de la represión desatada por la “Revolución Libertadora” que dio paso a la aparición de diversas formas de resistencia (fenómeno espontáneo y falto de coordinación operativa).

Por otra parte, el fracaso del movimiento de junio de 1956 marcó un punto de inflexión fundamental en las expectativas de la Resistencia. Este movimiento no contó con el apoyo del expresidente (dato revelado por Pirro a través de la correspondencia) y mantuvo una relación difusa con algunos “Comandos de la resistencia” y líderes sindicales desplazados. Constituyó, sobre todo, una labor periodística de la prensa nacionalista y peronista la reivindicación de los hechos, y los muertos fueron disputados, entonces, desde varios lugares, a tal punto que el líder ausente terminó participando de ese culto que otorgó a los fusilados de junio un lugar de privilegio en el “panteón peronista”.

En suma, como destaca el autor, la principal corriente del movimiento clandestino11 discurrió por senderos alejados del compromiso con una insurrección militar así como de los sindicatos. Tal como anuncia Melón Pirro en su libro, la política de la resistencia era legítima en tanto persistiera la resistencia de la política (o sea, la proscripción). A esta altura vale agregar algunos de los otros aportes más interesantes del autor:

  • Perón y Cooke, además de ser víctimas durante gran parte de este período de una situación de aislamiento, no ocuparon un lugar central en las políticas de este tiempo respecto de la resistencia: uno por el exilio, el otro por la cárcel. Ahora bien, si Perón se mantuvo alejado del escenario local y de las órdenes, no por ello dejo de ejercer el arbitraje entre las distintas redes del peronismo. De hecho Melón Pirro ubica los orígenes de la relación pendular con los sectores del movimiento en los primeros años de la proscripción y el exilio (y no, como comúnmente se cree, en los años 70).
  • No es posible establecer una asociación directa entre el sindicalismo y la violencia, sino que se trata más bien de una relación compleja. Por una parte, los sindicalistas estuvieron más atentos a la posibilidad de ejercer su poder por la vía legal y en tempranas estrategias de colaboracionismo. Por otra parte, cuando la violencia fue utilizada por el sindicalismo es más posible asociarlo a las fechas simbólicas —o “efemérides”— del peronismo (1 de mayo, 22 de agosto, 17 de octubre) que a las huelgas y conflictos laborales. Además, sin lugar a dudas, el sindicalismo fue el actor más dinámico y poderoso del período.
  • En cuanto a la reapropiación de la resistencia durante los años 60 y 70, Melón Pirro realiza un importante análisis, en el cual concluye que la génesis del movimiento se transmuta y el peronismo “no parece nacer de las festivas jornadas del 17 de octubre sino de la aciaga represión que sobrevino una década después” (Melón Pirro, 2009, p. 250).

En suma, el panorama nacional en el terreno político fue tornándose complicado, al punto que —dadas sus características— la estabilidad institucional solo admitía una solución política, que no se dio en este período, y de esta manera la labor “fundacional” y “democrática” de la “Revolución Libertadora” fracasó, ya que:

La democracia liberal, entre otras cosas por ser proscriptiva e incapaz de recoger el desafío del hecho social y cultural peronista, perdió prestigio frente a la pretensión de instaurar una democracia real, capaz de tener en cuenta los intereses de la sociedad (Melón Pirro, 2009, p. 250).

El fracaso de la “Revolución Libertadora” en inaugurar una nueva legitimidad democrática —al excluir a la mayoría peronista del juego electoral— y el fracaso de las expresiones partidarias no peronistas, condujeron a la inestabilidad política, al menos, hasta 1973. punto final_it8x12


pastilla_der Notas

[1] “Las profundas transformaciones del mundo y sus representaciones sociales, el cuestionamiento del progreso humano, la crisis capitalista, el terrorismo, las nuevas incertidumbres (crisis y descomposición del bloque de los países del Este, la crisis sostenida del capitalismo a nivel internacional, y más recientemente, la invención de un nuevo enemigo para Occidente). Otros aspectos a destacar son: “…el impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación en las percepciones del tiempo; la moda memorialistica (auge de documentales históricos, novela histórica y autobiografía), la musealización y automusealización (filmaciones domésticas).” (Franco y Levin, 2007, p. 6)

[2] “Testigo tiene tres sentidos distintos: empírico (e, histórico), jurídico y filosófico. Como empírico (e, histórico) o a través del relato (una narración que implica un proceso de transferencia desde el testigo hasta el que recibe el testimonio); como jurídico, donde el testigo está inserto en un marco institucional (justicia) y en un lugar (tribunal) y, por último, de naturaleza filosófica y ética: el testigo se erige en portavoz de la verdad.” (Bédarida, 1998, p. 26)

[3] El peronismo después del peronismo: resistencia, sindicalismo y política luego del 55, 1ª edición, Buenos Aires. Siglo XXI Editores, Año 2009. El libro integra la serie Historia y cultura: el pasado presente. Lo cual revela el lugar que ocupa actualmente la historia reciente.

[4] Julio César Melón Pirro es magíster en Historia por la Universidad Nacional de Mar del Plata, y doctor en Historia por la Universidad Nacional del Centro; y proviene de uno de los nuevos centros de producción académica e intelectual: la Universidad Nacional de Mar del Plata y, además, dirige un grupo de investigación constituido recientemente que ha generado importantes aportes: “Movimientos Sociales y sistemas políticos en la Argentina moderna”. Ha publicado numerosos artículos de historia europea y argentina centrados en la historia del siglo XX. Es miembro del Comité Editorial del Anuario del IEHS y del Programa Buenos Aires de Historia Política, y se desempeña como árbitro en revistas especializadas. Coordinó la obra Historia contemporánea. La Argentina y el mundo (1850-2005), y, junto con María Liliana Da Orden, Prensa y peronismo. Discursos, prácticas, empresas (1943-1958).

[5] “Sin desmedro de los aportes del análisis del discurso, para acercarse a este Perón es operativo recordar que, cuando en historia preguntamos “¿Por qué apuñaló Bruto a César?” lo que queremos expresar es “¿Qué pensaba Bruto que lo hizo decidirse a apuñalar a César?”, es decir, entendemos el pensamiento del autor como parte del acontecimiento mismo….” Melón Pirro: (2009), página 147.

[6] El término Comando es propio del léxico de la Segunda Posguerra, los grupos de activistas peronistas se denominan comandos: Comando Nacional, Comando Coronel Perón (CCP) y Perón utilizó un lenguaje parecido al designar a los Comandos de Exiliados, al Comando Adelantado en Chile, etcétera, Comando Táctico y Comando Estratégico.”

[7] Perón en carta a Cooke (del 12 de junio de 1956): “Si ellos hacen ahora algo es por que sus ex camaradas los expulsaron del Ejército…” (Melón Pirro, 2009, p. 76).

[8] Perón recomendaba la resistencia civil, no el golpe y planteaba la estrategia conjunta de la violencia no militar y la política electoral; cosas que supo aprovechar al máximo para seguir contando en la Argentina post 1955. Palabras como insurrección tenían funciones movilizadoras y no finalistas.

[9] “Era Perón quien seguía los acontecimientos y no a la inversa, y la letra de las nuevas directivas estaría lejos de revertir dicha relación causal. De hecho, la difusión de las nuevas recomendaciones coincidió con el momento de más baja actividad subversiva, y cuando esta resurgió con fuerza –al año siguiente- asumió características novedosas que poco tenían que ver con aquellas.” (Melón Pirro, 2009, p. 149).

[10] “La nueva legislación en materia de asociaciones partidarias –la representación proporcional y el hecho de que una organización necesitase solo quinientos afiliados o el 1% del padrón del distrito para constituirse como partido- alentó la emergencia de agrupaciones de base distrital o regional.” (Melón Pirro, 2009, p. 191)

[11] “…Por modestos e inarticuladas que fuesen las acciones de la resistencia, eran capaces de contribuir a bloquear las alternativas que en lo social-institucional (la participación en los sindicatos) y en lo político-electoral (la legalización del neoperonismo o los acuerdos con otras expresiones partidarias) planteaban la posibilidad de integración de absorción de los vencidos…” (Melón Pirro, 2009, p. 239).

bibliografia Referencias bibliográficas

Bédarida, F. (1998). Definición, método y práctica en la historia del tiempo presente. Cuadernos de Historia Contemporánea, número 20.

Cattaruzza, A. (2012). Dimensiones políticas y cuestiones historiográficas en las investigaciones históricas sobre la memoria. Recuperado de historiapolítica.com

Franco, M. y Levin, F. (2007). El pasado cercano en clave historiográfica. En: “Historia presente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción” Buenos Aires: Paidós.

Melón Pirro, J. C. (2009). “El peronismo después del peronismo: resistencia, sindicalismo y política luego del 55.” 1ª edición, Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.


 ¿Cómo citar este artículo?

Ponte, M. C. (2015). Historia reciente: el abordaje del posperonismo. Sociales y Virtuales, 2(2). Recuperado de http://socialesyvirtuales.web.unq.edu.ar/el-peronismo-despues-del-peronismo/

Ilustración de esta página extraída de: Melon Pirro, J. C. (2009). El peronismo después del peronismo: resistencia, sindicalismo y política luego del 55. Siglo XXI Editores, Buenos Aires.

 

 

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